El análisis político y económico de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde

 

Octubre de 2009

 

 

 

 

Cada cual atiende su juego

 

 

El estado de crispación en el que se encuentra hoy el país fue confirmado, la semana pasada, por tres episodios en los cuales se vieron involucrados, en distintos rincones de nuestra geografía, la embajadora norteamericana, el titular de la Unión Cívica Radical, Gerardo Morales y uno de los más lúcidos columnistas políticos del diario “La Nación”, Carlos Pagni. Los dos primeros, en Mendoza y en Jujuy, resultaron agredidos por patotas a las que casi todo el arco opositor al gobierno atribuyó lazos con el kirchnerismo. Pagni, de su lado, fue objeto de una artera maniobra de difamación, cuyos autores todavía se desconocen.

 

En un momento caracterizado por la estrategia del “vamos por todo”, montada a instancias de Néstor Kirchner, no es casualidad que el oficialismo insista en agitar el fantasma de nuevos avances “destituyentes“ a sus expensas, mientras en la vereda de enfrente sus opugnadores le

devuelven atenciones acusándolo de cuanta calamidad se abate sobre la Argentina.

 

Es cierto que los seguidores del santacruceño inspiran en sus denuncias mucho menos

credibilidad que las de Carrió, Morales, de Narváez, Macri y Solá, entre otras razones porque no existen —fuera de su imaginación— ninguna de las acciones desestabilizadoras que mencionan.

 

Pero también es verdad que ese multifacético y, por momentos, desorientado coro discordante con el kirchnerismo, muchas veces halla más fácil acusar al santacruceño de cualquier cosa que razonar, con un mínimo de rigor, los problemas a los cuales no les encuentra solución.

 

Como quiera que sea, la temperatura política continúa en ascenso y nada hace prever que

algo o alguien sea capaz de ponerle paños fríos. Todos se cruzan, a toda hora, agresiones verbales y físicas y nadie parece advertir que, aún cuando la mansedumbre sea su principal característica, la

sociedad argentina contempla azorada el espectáculo lamentable que ofrece nuestra clase política.

 

Algo de esto fue perceptible el 17, cuando se festejó, en diferentes lugares del país, el “día de la lealtad” peronista. Hubo, al respecto, un común denominador entre los actos: sobraron funcionarios y dirigentes y faltó el pueblo. Ello debería llamarle la atención a los referentes de un

movimiento que, en torno de su supuesta identificación con lo popular, erigió el mito más poderoso de la historia argentina.

En consonancia con su estilo, su folklore y sus tradiciones y apegado, como de costumbre, a toda una liturgia sin la cual no sería lo que es desde 1945, el peronismo recordó el sábado pasado su nacimiento. Claro que ponerlo en singular, cual si fuese uno solo, supone falsear la realidad.

 

Porque no hay tal cosa en la Argentina de hoy. En rigor corresponde hablar de peronismos, en plural y letra minúscula. De lo contrario no se entendería qué le esta sucediendo y el por qué de

sus divisiones.

 

La variante kirchnerista celebró junto a Antonio Cafiero y a Alberto Balestrini, con Daniel Scioli y el matrimonio gobernante incluidos, por supuesto, en La Plata. De su lado Felipe Solá hizo lo propio en el estadio de Obras con el concurso de unos cuantos jefes provinciales —los Rodríguez Saa, Ramón Puerta, Jorge Busti y otro más— pero sin la estrella mayor del firmamento

disidente que sigue sin decir esta boca es mía, encerrado, como está, en su campo de la localidad de Llambi Campbell y en su casa de la ciudad de Santa Fe. También Mario Das Neves no quiso ser menos y fue el protagonista de un festejo distinto, llevado a cabo en Chubut.

 

Sucede con el peronismo algo verdaderamente inédito que, en parte al menos, explica su dispersión actual. Es que nunca antes ocurrió que, detentando el gobierno nacional, el presidente

de la Nación no sólo no sea el jefe partidario sino que la verticalidad del mando se haya hecho trizas y dado lugar al surgimiento de un poder bicéfalo o, mejor aún, a una proliferación de poderes. Cristina Fernández resulta una figura apenas decorativa que sólo sirve para poner la cara y cumplir con las formas republicanas. Pero su marido Néstor, que le marca el rumbo tras bambalinas, perdió hace un año el dominio del movimiento, y de todo el arco de disidentes no hay uno solo de sus representantes en condiciones de vertebrar tras de sí un peronismo disciplinado de

cara al 2011. Carlos Reutemann, que es quien mejor podría cumplir esa función, sigue mudo, atado a unos tiempos que desorientan a sus seguidores más fieles.

 

No es que el justicialismo se halle a la deriva, próximo a naufragar en un mar de dudas o de encallar sin posibilidad alguna de estar listo para asumir el desafío de las elecciones presidenciales que se substanciarán dentro de dos años. Son sus dirigentes quienes no pueden

ponerse de acuerdo, cruzada su relación por el odio que ha suscitado el kirchnerismo en su afán de marcarle a fuego la cancha a sus adversarios. Mientras el santacruceño fue presidente se cumplió la ley histórica: mandaba en el peronismo quien lo hacia en la Casa Rosada (el caso de Héctor

Cámpora no dejó de ser excepcional y pasajero). Las cosas cambiaron con la asunción de su mujer y, sobre todo, a raíz de las dos derrotas estratégicas que sufrieron entre mediados del año pasado y

junio del actual. El cambio en la relación de fuerzas en el país obró, al mismo tiempo, una rebelión interna dentro del PJ que si bien no terminó de voltear a Néstor Kirchner astilló su autoridad de manera irremediable. Sólo que si el rey quedó desnudo después del 28 de junio, no hubo nadie con capacidad suficiente para reemplazarlo. Conclusión: proliferan los reinos de taifas.

 

Semejante panorama beneficia de momento al político patagónico que si por un lado ha

tenido que abandonar sus sueños hegemónicos, detenta el dominio del aparato estatal– gubernamental y, por menguada que esté, la caja. El vacío generado por la falta de una voz de mando a cuyo conjuro se ordenen las voluntades justicialistas, hace que el disminuido poder del matrimonio gobernante parezca de mayor calado.

 

Mientras ninguno de los barones de la disidencia pueda asumir un rol de capitanía a nivel nacional, Néstor Kirchner seguirá siendo un primus inter pares y actuará en consecuencia.

 

Todo hace pensar que la situación predicha no sufrirá modificaciones de consideración

hasta fines del primer trimestre del año venidero, cuando asuman los diputados y senadores electos en junio. Para entonces, según especulan algunos, quedaría conformado un bloque del peronismo

disidente en la cámara baja, que obraría de común acuerdo con los representantes del PRO de la Capital Federal y de la provincia de Buenos Aires. Su volumen seria un incentivo para que Reutemann diese el paso que todos ellos esperan. Porque fuera del x–gobernador santafesino no hay nadie en condiciones de juntar, en apretado haz, una cantidad de votos con posibilidades de ganar en el 2011. Por lo menos, no dentro del movimiento justicialista. De momento, pues, habrá

que esperar y desensillar hasta que aclare en la materia.

 

Ahora bien, más allá del tachín, tachín de los festejos, el gobierno planea enviar al

Congreso, en las próximas semanas, dos proyectos de ley claves: el de la reforma política y el de entidades financieras. Con arreglo a aquella el santacruceño aspira a terciar en la disputa presidencial, creyendo que con unas reglas de juego diferentes para la elección de candidatos, sus chances se acrecentarían de manera notable en el seno de un partido justicialista profundamente

dividido. En cuanto a la de entidades financieras, su futuro es más vidrioso. En tanto sobre la reforma política no hay dudas, no sucede lo mismo con el segundo de los proyectos mencionados.

 

Esto debido a las consecuencias que podría traer aparejadas una norma tan sensible para los mercados y a la delicada situación económica por la que atraviesa el país.

En este orden, la cuestión de fondo es el déficit fiscal. Si se analiza el crecimiento del gasto público vis a vis los ingresos del Estado, esta claro que la administración de Cristina Fernández deberá, en el 2010, realizar un ajuste o deberá hallar una fuente de financiación adicional. De lo contrario, el deterioro, que hoy es notorio y preocupante, se transformará el año que viene en

catastrófico. Poner el tema en el tapete y pensar en una solución en correspondencia con el Fondo Monetario Internacional no es nada descabellado.

 

Desde hace un par de meses, al menos, asistimos a una suerte de tanteo del gobierno argentino respecto del FMI. Boudou, siguiendo precisas instrucciones de Néstor Kirchner, ha pretendido llegar a un principio de acuerdo que, por las condiciones que exige el organismo de crédito y las que está dispuesto a cumplir la administración de Cristina Fernández, de momento ha

sido imposible de concretar. El ministro de Economía, al parecer en Turquía, semanas atrás, avanzó más de la cuenta y recibió, luego de unas declaraciones que realizó a su regreso, una fuerte reprimenda del santacruceño. Éste le había dicho al titular de la cartera de hacienda que no tenía

inconveniente en aceptar una auditoria en tanto y en cuanto no deba hacer frente a un escándalo mediático por su cambio de política. En una palabra, Kirchner está dispuesto a dar un paso decisivo en dirección al Fondo pero no a que lo corran “por izquierda”. Las brevas aún no están

maduras. Las conversaciones, sin embargo, siguen su curso y la necesidad siempre tiene cara de hereje. Hasta la semana próxima.


 

 

 

 

El sistema financiero, parado

 

• En lo que va del año, los préstamos al sector privado muestran un alza nominal de apenas

4,7 %, con caídas en las líneas a largo plazo.

• En términos reales eso significa una caída de más de 10 % interanual.

• El stock de créditos hipotecarios acumula en el año un retroceso de 2,3 % y los

prendarios caen 8,3 %.

• A la par de la mayor reticencia de los bancos a otorgar préstamos en un marco de

creciente incertidumbre se observa una contracción de la demanda de crédito,

afectada por la menor actividad y la debilidad del mercado laboral.

• La cartera irregular se ubicaba en 3,8 %, creciendo 0,7 % por encima de fines de

2008.

• Los depósitos totales del sector no financiero aumentaron 9,4 % interanual, lo que

también significa una caída en términos reales.

• Por temor a un eventual deterioro pronunciado del clima financiero, la liquidez del sistema incluyendo LEBAC y NOBAC, alcanzó un altísimo 42,5 % de los depósitos.

Nos caemos del mapa financiero mundial

• La Argentina fue clasificada en el puesto número 51 de un ranking global de 55 naciones

sobre desarrollo financiero que confeccionó el Foro Económico Mundial.

• Se ubicó así detrás de Kazajstán, Indonesia, Pakistán y Filipinas, y sólo por encima de

Nigeria, Ucrania, Bangladesh y Venezuela,

• En el trabajo, que analiza 120 variables relacionadas con el ambiente de negocios, el

organismo dedicó una extensa crítica al país, y enumeró las razones de la triste

performance.

• “Los episodios repetidos de las crisis bancarias en Argentina, combinados con el

alto riesgo de su deuda soberana, impactaron en la estabilidad general del sistema

financiero”.

• Según el Foro Económico Mundial, las pocas ventajas que hoy muestra la

Argentina en el ambiente de sus negocios (el capital humano) quedan “más que

contrarrestadas por un sistema de impuestos distorsivos e ineficientes, y los altos

costos para realizar negocios en el país”.

• El informe vuelve a hablar de la Argentina: cuando se ocupa de evaluar la

conveniencia o no de que el FMI incremente su apoyo financiero a Letonia:

“Como el caso de la Argentina, hacerlo equivaldría a malgastar el dinero”, dice.

El estudio fue publicado un año después de que la Argentina quedara desterrada grupo de

países emergentes (el MSCI Emerging Markets), y fuera reubicada como “mercado de

frontera” en el MSCI Frontier, junto a países como Ecuador, Jamaica, Ucrania, Nigeria,

Vietnam, Chipre, Estonia, Kuwait y los Emiratos Árabes.

• El informe elogia las estabilidades de los sistemas bancarios de Brasil y Chile y de sus

divisas.

• A la gestión de Bachelet le destaca el riesgo moderadamente bajo de sufrir una

crisis de deuda soberana.


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