Un nuevo actor social amenaza el eje Kirchner – Moyano,la linea de descontrol

 

Por Roberto Ruhur

 

 

 

A caballo de un relevo generacional, surge un nuevo eje piqueteros-universitarios que amenaza el control del conflicto social y el espacio público que hasta aquí mantuvieron Kirchner y Moyano. El ascenso de una izquierda contestataria que sorprendió al poder.

 

Hay un discreto hilo conductor que enlaza la toma de Kraft, los paros del Subte, el sitio a la ciudad que una muy coordinada acción de grupos piqueteros concretó el martes pasado y los cortes de avenidas neurálgicas que protagonizan los estudiantes de la FUBA.

 

Simplificando, se encuentra una matriz común unifica estas protestas sobra la base de tres ejes:

 

1- Posiciones ideológicas emparentadas con lo que se conoce como “izquierda”, habitualmente representada por fuerzas como el Partido Obrero o el MST.

 

2- Rechazo frontal al sindicalismo tradicional agrupado en la CGT y en particular a la figura de Hugo Moyano.

 

3- Oposición al “falso progresismo” que encarna Néstor Kirchner y sus aliados de organizaciones piqueteras como el Movimiento Evita de Emilio Pérsico, la Federación Tierra y Vivienda de Luis D´Elía y el Movimiento Libres del Sur de Humberto Tumini.

 

Se trata entonces de grupos que comparten algo incluso más aglutinante que una ideología común: tienen los mismos enemigos, si se permite la utilización de la gramática política que el kirchnerismo imprimió a la sociedad. Sólo que en este caso, el enemigo no es la “derecha golpista” o el “complejo agromediático”, sino el propio Kirchner como representante de la corrupta clase política del PJ y Moyano como máximo emblema de la “burocracia sindical”.

 

La irrupción de este nuevo actor político no es una sorpresa y ya venía dando señales de su existencia. Pero acaso la pelea de Kirchner con el campo y Clarín, distrajo a un Gobierno que años atrás mostraba una mayor sensibilidad para detectar y cooptar organizaciones que podían disputarle el control de ese totem peronista, que se engloba bajo la palabra “calle”.

 

Hombres experimentados en tratar con líderes piqueteros, como el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, o el secretario General, Oscar Parrilli; se encontraron en la peor situación que puede enfrentar un funcionario: sin interlocutores entre aquellos que protagonizan la protesta social.

 

El desconocimiento de lo que se estuvo cocinando bajo las mullidas alfombras de sus despachos es tan evidente, como la enorme sorpresa que les causó enterarse prácticamente por la televisión que todos los accesos a la Ciudad estaban bloqueados, en una acción política que demuestra un grado de organización que todavía tiene flameando a los principales despachos de la Casa Rosada.

 

El hecho ocurrió el martes pasado y coincidió con la organización a la misma hora -10 de la mañana- de actos en al menos 10 provincias. Si la idea de los grupos que motorizaron esa acción era enviar un mensaje al poder, el éxito fue total, más allá de que los medios aún no hayan tomado debida nota de la tremenda significación política de lo que ocurrió esa mañana.

 

Otro signo de decadencia

 

Kirchner arribó al poder gracias al impacto emocional que causó en Eduardo Duhalde la muerte de los piqueteros Kosteky y Santillán, que lo llevaron a anticipar las elecciones y resignar su propia candidatura presidencial.

 

Tan claro tenía el santacruceño el enorme poder de estas “organizaciones sociales” en términos de desestabilización profunda de esa ficción que en la Argentina todavía se dice Estado; que de inmediato tendió puentes con ellos y los adormeció con cargos y otras canonjías. Fue una política hábil y muy realista, que permitió reconstruir algo de la deteriorada autoridad presidencial.

 

La segunda pata de esa operación de control del espacio público fue afianzar al máximo la relación con la CGT, haciendo de Hugo Moyano uno de los dirigentes sindicales con mayor poder que se recuerde desde la recuperación democrática.

 

Bueno, ambos resortes, sufren hoy el mismo desgaste que hace crujir a toda la estructura kirchenrista. Moyano, D´Elía, Pérsico, son hombres satisfechos, sin problemas económicos, empachados de poder, y para la mirada de los sectores que hoy están liderando la protesta social, apenas un engranaje más de un dispositivo de poder que se vislumbra opresivo.

 

El peronismo arrastra desde sus orígenes un desprecio profundo por la izquierda vernácula, a la que acusa –con razón en muchísimos casos- de plantearse una representación de los “trabajadores” que no se corrobora en la realidad. Pero esa mirada, merecería complejizarse a la luz de la modificación del escenario social que hoy vive la Argentina.

 

Lejos del modelo del primer peronismo, hoy la mayoría de los trabajadores no están encuadrados en ninguna organización sindical, ni amparados por un convenio colectivo. Se suma a este cuadro de notable precariedad una desocupación creciente, acompañada de una inflación que aún los cálculos más optimistas ubican este año en un 15 %.

 

Es decir, que cuando el gobierno habla de la maravilla de un modelo que permitió aumentos salariales por encima incluso de la inflación, hablan en rigor de una selecta minoría.

 

Detrás del telón de camioneros que festejan sueldos superiores a los 5.000 pesos, se despliega un panorama desolador de millones de empleados en negro y sin ninguna protección sindical ni ajustes salariales periódicos; una pobreza que en cualquier índice que se quiera tomar supera el 30 % y una desocupación que ya merodea los 14 puntos. Todo horadado por un aumento del costo de vida que día a día arroja nuevas familias a la pobreza.

 

Esas son las razones estructurales que explicar el surgimiento de un nuevo actor político, que de manera absolutamente coherente apunta contra el comando de un modelo que se dice progresista, pero que en su experiencia cotidiana lo que hace es multiplicar las inequidades sociales.

 

Frente a esta situación el kirchnerismo se encuentra desguarnecido de recursos dialécticos y lo más grave, materiales. No puede apelar al discurso del orden luego de pasarse años demonizándolo, pero tampoco cuentan con los recursos –por lo que se ve- para revertir el actual cuadro económico-social.

 

Sin embargo, nada de esto debería ser motivo de festejo en la oposición –con sus honrosas excepciones-, que hasta ahora ha mostrado un interés muy menor por una agenda –el conflicto social- que en el hipotético caso de su arribo al Gobierno, seguramente le demandará esfuerzos políticos mucho más serios de los que hoy gasta en los escenarios que deliberadamente les monta Néstor Kirchner. Es decir, ¿hay vida más allá de la ley de medios.?

Es probable, pero el país  real advierte que la línea de descontrol está cada vez mas cerca.

 


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