Kraft y Baremboin, etapa crítica del piquete

 

Por Gerardo González

 

 

Hay una dimensión política infrecuente que es la belleza del acontecimiento.

 

Baremboim lo dijo cuando se hundieron las Twin Towers, y no es un sádico.

 

La comisión interna de Kraft logró convertir su lucha gremial permanente en un mediano hecho político, que, en esta Argentina aburrida, resultó un incentivo general.

 

Piquetes hubo miles, de todo pelaje. Pero cuando se corta el acceso norte a la ciudad, el perjuicio a la clase media central es decisorio. Por eso Aníbal le pidió a Scioli que mande la policía brava, esa tradicional del caballo, bastón y lacrimógeno.

 

Se siente claramente que lo de Kraft es una etapa crítica del piquete. En el sentido médico del vocablo: etapa de la enfermedad en la cual el enfermo se repone o muere. Lo que está en juego es si el piquete retrocede, fracasa, u ocupa todo el espacio político y gremial. Es una pulseada formidable.

 

Un ingrediente infrecuente en este tipo de luchas es la estrategia de la empresa.

Es evidente que llegaron a la conclusión de enfrentar a la comisión interna cueste lo que cueste. Mucha gente ignora la magnitud mundial de la empresa. Tiene musculatura fornida.

 

No es casual –los marxistas dicen que nada es casual- que todo el archipiélago de izquierda se haya unido en la ocasión. Hasta Beatriz Sarlo descubre en la comisión interna el renacimiento del espíritu de Agustín Tosco. Bueno, ella merece ese deseo imaginario, en algo debe creerse a su edad, no?

 

Pero no, la comisión interna es el antiquísimo marxismo, degradado, repetido hasta el hartazgo. El mismo que combatió contra Perón.

 

Kraf no necesita mi defensa ni la de la embajada de los EEUU, se arregla sola.

Invirtió, compite, no recibe ni pide subsidios.

 

El conflicto llegó al corazón del gobierno y del peronismo.

 

Creo que ambos terminarán eligiendo por la empresa, por su propia historia.

 


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