Silencio de radio” en torno al secuestro y recuperación de un carguero ruso

ENIGMA ESTRATEGICO TRAS EL MISTERIO DEL “ARCTIC SEA”

 

Por Sergio Cerón

 

 

Escribe Sergio Cerón – octubre 2009

 

El buque ruso “Arctic Sea” partió el 23 de julio último de un puesto finlandés con una carga declarada de maderas por valor de 1,3 millones de euros.  Al día siguiente la prensa difundió la sorprendente noticia de que había sido abordado por piratas marítimos.  Pocos días después fue avistado frente a la costa de Francia y desapareció.  El 3 de Agosto la INTERPOL lanzó el alerta y Moscú ordenó a su flota ubicarlo y reconquistarlo.

La Unión Europea hizo saber al poco tiempo que el “Arctic Sea” sufrió otro ataque cerca de las costas de Portugal.  Por fin el 16 de Agosto se supo que la marina rusa interceptó la nave y la recuperó frente a Cabo Verde.  A todo esto, el diario israelí de mayor difusión, Yediot Ahronot, anunció en su portada que “piratas enviados por el Mossad se apoderaron en alta mar del Arctic Sea”. Posteriormente se dio a conocer que el Presidente Shimon Peres realizó un viaje a Sochi – Rusia- donde conferenció con el primer mandatario de ese país, Dimitri Medvedev. Otra versión decía que toda la cúpula de Israel, el Canciller, el Presidente y, por último, el Primer Ministro Benjamín Netanyahu, debieron trasladarse a aquel país para tratar el conflicto con el verdadero poder, Vladimir Putin. ¿Qué está en juego tras el “caso Arctic Sea”?

 

El sábado 5 de setiembre el diario español El País publicó una nota de su colaborador Rodrigo Fernández, fechada en Moscú, dando cuenta de que el periodista Mikhail Voitenko, editor de una revista del sector marítimo abandonó Rusia con urgente rumbo a Turquía, alegando haber recibido amenazas de muerte.  Es que había develado la presunta causa de la misteriosa odisea de la nave; el cargamento no sería precisamente madera sino armas y al parecer no precisamente armas cualesquiera, sino de suficiente peligro para el estado judío que merecía el riesgo de desafiar a Moscú.

Voitenko presumía, y tal vez con fundamento, que las amenazas provenían del servicio secreto de su país, que por tradición no se muestra demasiado complaciente con quienes infringen las normas de seguridad del Estado.  Pronto ganó terreno la teoría de que al “Arctic Sea” llevaba armas y que los supuestos piratas no eran fruto de la extensión a aguas distantes de los golpes de mano dados por los grupos somalíes que se dedicaban al floreciente negocio de secuestrar buque mercantes allá por el Cuerno de Africa.  Sino de un audaz operativo del Mossad, especialista en golpes de mano, por lo general coronados por el éxito.  Pero esta vez el contendiente era de cuidado. Putin no es un político cualquiera: es un nacionalista ruso que integró la plana mayor de la ex KGB y es la cabeza visible de un equipo que se ha propuesto, y lo está logrando, remontar la decadencia a que fuera llevada la Santa Madre Rusia, humillada y saqueada al producirse la implosión de la Unión Soviética.  Todo lo señala como un hombre frío, implacable y un líder nato.

Los israelíes conjeturaron los analistas trataban de evitar que las supuestas armas llegaran a Irán en un momento crucial de la crítica situación de la región del Medio Oriente y el  Cáucaso, en que suenan aunque en sordina tambores de guerra, alimentados por el cruce de amenazas y desafíos que tienen como protagonistas a Teherán y Jerusalén.

El periodista español refiere en su despacho que la primera persona que apuntó a la posibilidad del tráfico de armas fue la periodista y escritora Julia Latinina, en un artículo publicado en la revista quincenal Novaya Gazeta.

Quien escribió: “Supongamos que el Arctic Sea llevaba armamento o material nuclear, algo producido en Rusia y destinado a nuestros “pacíficos aliados”, como Siria o Irán. En ese caso, el más probable interceptor del navío es Israel, y la historia del secuestro del “pacífico carguero” nos recuerda a la del bombardeo israelí de un par de edificios abandonados en el desierto sirio hace unos dos años”. 

Esas instalaciones fueron bombardeadas y supuestamente arrasadas, sin que oficialmente nadie explicara las razones. Por vía de conjeturas, podría tratarse de edificios equipados para la producción de material nuclear o de emplazamientos dotados de capacidad para lanzar misiles contra puntos vitales de Israel.

Llama la atención de Rodrigo Fernández que Rusia no demostró mayor interés en evitar que se divulgaran las versiones circulantes acera del acontecimiento. Komsomoloskaya Pravda publicó incluso una entrevista a un personaje individualizado como “un capitán de navío” adscrito al Estado Mayor ruso que participaba en la búsqueda del barco pirateado. No tuvo empacho en aceptar que eventualmente el navío llevaba armamento. El reportero deslizó la posibilidad de que fueran sofisticados lanzamisiles S-300, conjetura que el marino rechazó, porque sería imposible ocultarlas en el carguero. “Podrían ser misiles para la lanzadera S-300, “bombas inteligentes” o misiles de otro tipo como por ejemplo X-55”, agregó..

El gobierno ruso pidió a la OTAN y a las Unión Europea que no intervinieran en el caso Arctic Sea.

Todo quedó finalmente, en manos de los rusos y los israelíes.

Asistimos a un juego de ajedrez sobre el tablero estratégico mundial.  Esta jugada parece haber favorecido a Rusia que, por otra parte, acordó con Orak Obama que Estados Unidos no  instalara un escudo antimiles cerca de su frontera.


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