LA VUELTA DEL "INFORMADOR PUBLICO", GUERRA SOCIAL COMO EN LA EPOCA DE ALFONSIN

 

Octubre de 2009

 

 

La relación entre Néstor Kirchner y Daniel Scioli es una sucesión de cortocircuitos. Aquél le pide informes sobre la situación provincial al Vicegobernador, Alberto Balestrini, y al Ministro del Interior, Florencio Randazzo, pero no al gobernador. En el momento más álgido del conflicto en la planta de Kraft, Aníbal Fernández fustigó públicamente a Scioli por ser demasiado blando. Kirchner también estaría disgustado por la marcha atrás del ex motonauta con la ley de reforma impositiva aprobada por la legislatura. “Jugamos todas las cartas para que se aprobara el proyecto en tiempo record y ahora él se reúne con los ruralistas y promete reformas”, se quejan en Olivos. Además, el “operativo reelección” lanzado por Scioli es visto en el kirchnerismo -y no solo allí- como un intento desesperado de aquél para crear expectativas y cortarse solo.

Por su parte, Scioli estaría convencido de que en Olivos conspiran para hacerle la vida más difícil. Creería asimismo que la denuncia publicada por Perfil acerca del gasto de casi un millón de pesos mensuales que efectúa la gobernación para alquilar aviones de lujo, se habría originado en información salida del entorno de Kirchner. Este podría ser el primero de una serie carpetazos cada vez más graves. En relación al impuestazo, el nuevo Ministro de Asuntos Agrarios Ariel Franetovich -que responde a Randazzo- está en contra de modificar la ley a costa de perder recaudación. Quedan dos meses para que asuman los diputados nacionales electos y Scioli está convencido de que las presiones que sufre son mensajes de Kirchner para que obligarlo a anunciar su decisión de mudarse al Congreso Nacional.

 

La olla a presión

 

A partir de Kraft, la conflictividad social y sindical pasó a ser el tema central y también el eje de los desencuentros entre Olivos y La Plata. Aníbal Fernández dirige personalmente las fuerzas de seguridad, sin intervención del ministro del área, Julio Alak. El Jefe de Gabinete pretende que Scioli se haga cargo de un plan para contener a la coordinadora integrada por el Partido Obrero, la Corriente Clasista y Combativa, PST y otros grupos de izquierda. Un informe de inteligencia con el cual trabaja el comité de crisis señala que los conflictos de Kraft, Metrovías y otros serían los primeros ensayos de movilizaciones y tomas de fábricas destinados a testear la reacción del gobierno, la justicia y las fuerzas de seguridad. El objetivo final, para diciembre próximo, consistiría en una movilización masiva con corte de todos los accesos a la Capital y actos de saqueo en algunas zonas del conurbano. Esto obligaría a una inmediata acción represiva que pondría en primer plano mediático y político a la izquierda antiK. Como apoyatura, en distintos puntos del interior se realizarían operaciones similares. Los argumentos centrales del activismo serían el fracaso del modelo K, su inminente giro hacia la reconciliación con el FMI y la lucha contra la cúpula cegestista. Aparentemente, Kirchner estaría dispuesto a intentar recuperar la calle con el auxilio de Hugo Moyano y Luis D’Elía. Espantado, Scioli -y también Mauricio Macri- creerían que la confrontación entre piqueteros de uno y otro signo potenciaría la violencia. Si algo no tolera el gobierno es que lo corran por izquierda. Scioli, para colmo de males, se enfrenta a la crisis con la policía bonaerense fuera de control por la guerra entre facciones que se disputan la conducción. Por su parte, el Ministro de Seguridad Carlos Stornelli, ahora distanciado de Aníbal Fernández, estaría más preocupado por las inminentes denuncias de sobreprecios en varias compras de reequipamiento que por controlar a los sindicatos de base.


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