Clarín vs. K. El ex presidente,un ZOMBI politico , embiste contra el Grupo porque cree que tras la derrota de junio ya no tiene nada que perder.

 

Por James Neilson

 

Según los estrategas kirchneristas, ya ha empezado "la madre de todas las batallas" contra el Grupo Clarín. Para ellos, se trata de un monopolio siniestro y tremendamente poderoso que sabe manipular la mente colectiva argentina, uno que, además de haber mantenido en cautiverio durante años todos los goles dominicales hasta que por fin Cristina logró liberarlos, se ha acostumbrado a chantajear al gobierno de turno, apoyándolo por un rato a cambio de privilegios jugosos para después ayudar a hundirlo, posicionándose así para aprovechar la etapa siguiente.

Parecería que quienes hablan así olvidan que, desde el punto de vista de los Kirchner, aludir a "la madre de todas las batallas" tiene connotaciones alarmantes: el responsable de popularizar la expresión fue Saddam Hussein que la usó en un intento vano de asustar al presidente norteamericano George Bush padre antes de la Primera Guerra del Golfo en que los ejércitos del dictador iraquí resultaron aplastados por las fuerzas de una coalición internacional heterogénea encabezada por los yanquis.

Pues bien: aunque cabe suponer que en las fases iniciales del conflicto con Clarín que se ha desatado, los Kirchner, como Saddam, lograrán anotarse algunos triunfos tácticos, lo que les espera es una derrota igualmente humillante aunque, felizmente para todos, menos sanguinaria. Si los santacruceños reciclados en bonaerenses fueran personas de conducta intachable, podrían salir ilesos de un enfrentamiento con la gente del "monopolio" y muchos otros medios, pero la verdad es que no lo son para nada. Por el contrario, costaría imaginar una pareja de políticos más vulnerable que la conformada por Néstor y Cristina. Merced a la reputación que se las han arreglado para granjearse, tanto aquí como en el resto del mundo pocos dudan de que están resueltos a cercenar la libertad de expresión por entender que su enemigo principal es la verdad. Lo entiendan o no, son los malos de la película que ellos mismos están dirigiendo.

La Ley de Medios Audiovisuales que el matrimonio está impulsando tendrá sus méritos y es innegable que, debido a los cambios tecnológicos vertiginosos que están produciéndose, convendría modificar cada tanto las reglas -las ideadas por el Gobierno actual podrían ser obsoletas antes de ser puestas en práctica-, pero tanto aquí como en el exterior se da por descontado que en el fondo se trata de un intento desesperado de los Kirchner de amordazar a sus críticos y, si la suerte les sonríe, de echar las bases de un imperio mediático propio que, respaldado por sindicalistas como Hugo Moyano y luchadores callejeros como Luis D'Elía, podría ayudarlos a sobrevivir a los dos años peligrosos que comenzarán el 10 de diciembre próximo al sesionar por fin el Congreso que se renovó el 28 de junio.

Por lo pronto, los Kirchner tienen algunos motivos para sentirse satisfechos. El blanco principal de sus ataques, el Grupo Clarín, ya ha visto desplomarse sus acciones en las bolsas en que se cotizan, lo que le ha costado miles de millones de dólares que le será muy difícil recuperar. Sin embargo, para defenderse Clarín, acompañado por muchos otros medios que por distintas razones no quieren del todo al gobierno kirchnerista, ha emprendido una contraofensiva furibunda. Día tras día, diarios, revistas, radioemisoras y canales televisivos diseminados por todo el país están difundiendo información detallada en torno a los negocios a menudo escandalosos de la pareja gobernante y de sus amigos de lo que algunos califican, con caridad excesiva, de "la burguesía nacional".

No les sirve para mucho a los Kirchner afirmarse víctimas de una campaña de extorsión: desgraciadamente para ellos, los hechos son irrefutables. Tampoco ayudan los esfuerzos de sus partidarios por llamar la atención a los motivos a su juicio malignos de los periodistas de Clarín y de sus aliados coyunturales. Puede que estén más preocupados por los intereses de sus respectivas empresas que por la ética, pero sucede que no están inventando nada, ya que los Kirchner se han encargado de suministrarles todas las municiones que podrían necesitar. Desgraciadamente para Néstor y Cristina, creyeron que su "hegemonía" duraría para siempre y que por lo tanto gozarían de impunidad hasta que la biología pusiera fin a sus andanzas. Si son víctimas de algo, esto es una ilusión que suele afectar a muchos políticos de su clase.

Mientras que por un lado los Kirchner están procurando socavar las bases económicas de los grupos mediáticos que figuran en su lista negra particular, por el otro estos han optado por destruir lo que todavía queda del capital político del matrimonio. La tarea que se han propuesto les está resultando relativamente sencilla. Ya antes de iniciarse la batalla contra los medios que efectivamente existen, Néstor Kirchner y su esposa estaban entre los dirigentes menos queridos del país. Desde mediados del 2007, golpearlos está de moda. Tal y como están las cosas, pues, antes de sesionarse el nuevo Congreso podrían encontrarse totalmente aislados, lo que sería peligroso para el ex presidente que con toda seguridad está esperando con ansiedad la llegada de los fueros que, supondrá, le garantizarían algunos meses, acaso años, más de libertad.

Aquí la Justicia suele avanzar a paso de caracol, pero el que algunas causas que le afectan ya estén tramitándose debería preocuparle. ¿Qué ocurriría si el juez Norberto Oyarbide, digamos, decidiera ordenar su detención por creerlo culpable de enriquecimiento ilícito? ¿Sería capaz Cristina -la que, a juzgar por lo ocurrido desde iniciarse su gestión desconcertante, depende anímicamente de la proximidad de su marido-, de continuar en su puesto a sabiendas de que la ley está pisándole los talones?

El clima destituyente que los partidarios de los Kirchner denunciaron con indignación hace poco más de un año se ha intensificado mucho en los días últimos. Se ha hecho común oír opinar que es inevitable que tarde o temprano los dos santacruceños, como tantos otros ex presidentes argentinos, den con los huesos en la cárcel. Aunque la sociedad es tan tolerante de la corrupción que un presidente que no haya robado será recordado por muchos años como un santo cívico, un político realmente excepcional, hay límites a lo que está dispuesta a soportar. Los Kirchner los han traspasado en demasiadas ocasiones.

Ya son tantas las causas en su contra que les sería sumamente difícil zafarse de todas. La más impactante tiene que ver con el aumento fenomenal de su patrimonio compartido declarado: virtualmente nadie cree que su crecimiento haya sido legítimo. Otro asunto que un día tendrán que aclarar la Presidenta y su cónyuge es el planteado por las vicisitudes aún misteriosas de los fondos de la provincia de Santa Cruz. Si consiguen convencer a los jueces de que la evolución de sus finanzas privadas y el manejo de la plata de su feudo provincial han sido tan cristalinos como dice Néstor, después tendrán que enfrentar preguntas sobre la "mafia de los remedios" que está en manos de Oyarbide y los aportes de personajes involucrados con el caso a la campaña proselitista de Cristina, la costosísima flotilla de aviones -se habla de 23- que emplean para viajar a distintos puntos del planeta, las valijas voladoras venezolanas, Skanska y así, largamente, por el estilo.

Para políticos convencidos de que en última instancia lo único que realmente cuenta es "el relato", verse acusados diariamente de actuar como jefes conjuntos de una banda de saqueadores es un auténtico desastre. Los Kirchner son plenamente conscientes del poder de los medios -de otro modo no se les hubiera ocurrido aprovechar las semanas de vida que le quedan al viejo Congreso invitándolo a aprobar una ley de radiodifusión tan polémica como la propuesta-, pero parecería que a esta altura los tiene sin cuidado. Tal actitud sería comprensible si los dos aún disfrutaran de popularidad suficiente como para permitirles mofarse del bombardeo mediático despiadado que está pulverizando su imagen, pero sucede que ya antes de iniciarse el desguace de Clarín estaban entre los dirigentes menos respetados del país.

Los defensores más vehementes de los Kirchner propenden a adoptar una postura pragmática. Reivindican una versión sofisticada de "roban pero hacen", afirmando que a pesar de sus eventuales deslices los dos militan entre los buenos que están luchando contra los oligarcas, golpistas y otras alimañas que tanto han contribuido a hacer de la Argentina un país escandalosamente desigual y que por lo tanto merecen el apoyo de los comprometidos con el bien. De la misma manera, los "liberales" que se sentían encantados por la gestión de Carlos Menem se resistieron durante años a tomar en serio las "anécdotas" difundidas por los adversarios izquierdistas o populistas del riojano. En el caso de Menem, la voluntad de quienes simpatizaban con lo que creían era su ideario de pasar por alto los detalles antipáticos no lo salvó de la muerte política. A los Kirchner les espera un destino similar. Ya son zombis políticos pero, como confirmaría cualquier haitiano, no es nada sencillo impedir que los zombis provoquen estragos irremediables antes de que se vayan de una vez por todas.

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