UN 11 DE SEPTIEMBRE SIN SALVADOR ALLENDE

 

Por Strategicos

 

 

 

En el amanecer del 11 de setiembre de 1663 Europa jugaba nuevamente una carta   de  alcance geopolítico. Francia, aliada tácitamente de los  turcos contemplaba impasible como  los ejércitos jenízaros  avanzaban para la toma de Viena  a la que  se le habían  ofrecido  rendicion, respeto a las confesiones y  vasallaje.

 Una especie de Jerusalén actual, pero situada en el corazón de Europa.

También, una oferta más directa y notoriamente desangelada, el simple degüello organizado   prolijamente por los jenízaros del Gran imperio que arrancaba de Estambul y  se había fortalecido en Kossovo, Albania, Rumania, Grecia y   Bulgaria

El juego geopolítico era claro. Francia  se ganaba su mote de monarquía mora  en su objetivo de debilitar   a Europa  en beneficio  del imperio otomano, pero dejándole las manos libres para ablandar a los Hasburgo en Occidente y tomar ese bocado apetecible que se encontraba en su flanco sur, el viejo partido español reaparecía.

Pero también  y  a la vez una apuesta histórica en la que la Nación  emergente como elemento revolucionario con su propia y egoísta política autocentrada en sus objetivos  se  diseñaba como alternativa a los grandes  esquemas imperiales.

 Polonia tuvo un frenesí nacionalista y católico y netamente romántico  que  logro   sellar definitivamente la batalla y la historia a la vez.

Preanuncio a Woytyla sin saberlo y también  anticipó la liquidación  extrema del comunismo  stalinista que por obra de un ex seminarista  georgiano   conseguiría gran parte de los objetivos turcos entre 1943 y 1945  instalando su tercera Roma en Moscú. 

 Hoy en Chestojowa   todavía existe la virgen negra con la flecha turca  clavada en su garganta y según la leyenda hagiográfica fue la iluminación que alertó a los polacos de la llegada de la infantería turca.

Esta ya  había asolado  los Balcanes y toda Hungría.

 Ahora, asediaban la capital imperial.  Los 150.000 soldados turcos, al  mando del visir Kara Mustafá pretendían conquistar la ciudad como puerta de  la islamización  y del ordenamiento impositivo de toda Europa Central.             Llegó el 12 de septiembre. En una pequeña iglesia sobre el monte  Kahlenberg, al alba, celebraba la santa Misa un religioso capuchino, el padre  Marco de Aviano, enviado del Papa.

 Lo asistían en en el altar los reyes y  príncipes de la coalición de las naciones cristianas que habían acudido a la   defensa de Viena: Jan Sobieski, rey de Polonia-ahora son una olvidada  marca de cigarrillos popular en la Starmiesta varsoviana  -  lideraba la coalición; el   margrave Luís de Badem, llamado "Luís de los turcos"; el duque Carlos de   Lorena y otros  príncipes, generales y ministros alemanes, polacos y   austriacos, junto con voluntarios italianos jugaban  sin saberlo a la evolución progresista o a la inevitable  involución  del capitalismo  civilizatorio europeo.De eso se trataba la cosa.Feudalismo turco impositivo y fiscalista  contra  el desarrollo vanguardista  e implacable  del Atlántico norte y su expansión colonizadora pero en su versión de chimeneas y vías férreas que llegaría en un siglo y medio mas tarde con la lógica de los halcones de verdad y la religión como  analgésico  reparador escondido en la mochila.

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Después  de un encendido sermón en alemán, italiano y latín, el padre Aviano se hinco   de rodillas mientras las tropas luchaban.             "En el nombre de Dios", gritó el rey polaco Jan Sobieski.

Las  tropas cristianas se elevaban a la mitad de los efectivos turcos, y no   contaban con artillería. La batalla fue violentísima y breve. En pocas horas cayeron 20.000 turcos, y los demás huyeron en desbandada. Viena se había salvado, y con ella, la misma Europa.

 El padre Aviano estuvo entre los  primeros que entraron en Viena liberada y celebró el "Te Deum" de acción de   gracias en la catedral.             Ocurre que Viena ya había sido librada del asedio turco por Carlos V en   1525.  La batalla de Lepanto (1571) había detenido el avance turco por el  Mediterráneo. Pero, a mediados del siglo XVII la dinastía de los Köprülü  había guerreado contra una cansada Venecia,  penetrando en las   extensas regiones del oriente europeo. Por eso, la batalla de Kahlenberg  supuso un antes y un después en las contingencias de la  historia europea.

 La Vieja Europa como diría  Ramsfield se enfrentó  unificada en su versión germano –finnica-sajona  y latina  política  y  militarmente  al poder  del imperio otomano, que  ya no se extendería más ya que  Austria, Hungría, Rusia y Ucrania irían recuperando sus territorios perdidos.             La guerra es siempre un gran mal sostienen algunos optimistas. Pero, como dice el Concilio  Vaticano II extremadamente progresista y pacifista y cautamente admirado por las iglesias transformistas en todas sus variantes  en el mundo  "mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad  internacional competente y provista de medios eficaces, una vez agotados  todos los recursos pacíficos de la diplomacia, no se podrá negar el derecho   de legítima defensa a los gobiernos".No  cabe duda alguna , de que si Viena hubiera  sido conquistada en 1663, la historia posterior de Europa hubiera sido  bastante distinta de lo que conocemos. Aquellos reyes que defendieron Viena  procedían de países y tradiciones muy distintas, pero a todos ellos los unía  la defensa de un mismo  sistema.

Es poco probable que el día del atentado a las Torres Gemelas en Nueva York ,un hombre de la rica y culta  aristocracia saudi ,Osama Bin Ladem ,no haya pensado en el asunto ;  en tanto  del otro lado  del mundo ,Jacques Chirac ,el presidente francés que apuntó a la causa  africano árabe para  crear otro polo occidental , filosóficamente multicultural  en la euro zona,   habrá tenido también  en cuenta dialécticamente  la inevitabilidad de  los factores históricos que  se repiten ,de forma casi entrecruzada,  instalando a Francia en la vía diplomática del poder de veto gaullista-un Brazzaville repropuesto con nuevas calificaciones tecnológicas francesas y europeas -  y  repetido hasta el infinito por casi  ocho años ;contra los neocons que rodeaban a George W .Bush y que-  a su vez -por una   sorprendente contorsión histórica ,se imaginaban como los  herederos de los  cruzados y centuriones  de la democracia revisitada en el mundo árabe.

.Los casus belli son eternas metáforas que se reproponen en la Historia y están exactamente en el centro de preocupaciones de las potencias existentes  y de las que  emergen.

,Ese 11 de septiembre fue realmente el importante, mucho más importante de lo que ocurrió en Santiago de Chile en 1973.

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