Lula confía en éxito de cumbre de la Unasur y algunas anticipaciones escritas en agosto del 2004.

Villa Tunari, Bolivia.- El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, consideró la próxima cumbre de Unasur -que analizará el polémico acuerdo por el cual Estados Unidos usará bases militares colombianas- como "la gran oportunidad" para demostrar que América del Sur trabaja por la paz.

 

La reunión en Bariloche (Argentina), el próximo 28 de agosto, "es la gran oportunidad que tenemos para demostrar que América del Sur está construyendo su democracia, su prosperidad, y estamos trabajando para que reine la paz en América del Sur", dijo Lula, señaló AFP.

 

Lula transmitió el viernes a su par estadounidense, Barack Obama, que "hay una sensibilidad en la región, y que en algunos países esa sensibilidad es todavía mayor" por el acuerdo con Colombia, según refirió en Brasilia el canciller brasileño, Celso Amorim.

 

El gobernante brasileño propuso además a Obama, por teléfono, que asista a la reunión con la Unasur para discutir el empleo de bases militares de Colombia por parte de EEUU. Lula habló ayer del tema con su colega boliviano Evo Morales, uno de los más recalcitrantes críticos a ese acuerdo, junto a sus homólogos de Venezuela y Ecuador.

 

Morales dijo que el asentamiento de bases militares estadounidenses en América del Sur es "un acto de traición". "Cómo es posible que algunos presidentes, hermanas y hermanos, pueden permitir militares norteamericanos que vienen a Suramérica; yo quiero decir de manera muy sincera, presidente de Gobierno que permita que vengan militares uniformados armados a su país, sea de Latinoamérica o Suramérica, estoy convencido que son traidores de la liberación de los pueblos", destacó Morales. Venezuela pedirá a la Unasur que inicie un "proceso de reversión" del acuerdo militar suscrito entre Colombia y Estados Unidos, indicó el ministro de Relaciones Exteriores venezolano, Nicolás Maduro.

 

"Esperamos que de la cumbre de Bariloche surjan importantes conclusiones que le permitan garantizar al continente suramericano que las bases de paz se multipliquen y que las bases militares de Estados Unidos comiencen un proceso de reversión", explicó Maduro,.

 

Reunión con Correa Una delegación del izquierdista Polo Democrático Alternativo de Colombia (PDA) viajará el próximo jueves a Quito para un encuentro con el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, anunciaron portavoces de ese partido opositor en Bogotá.

 

El ministro ecuatoriano de Coordinación Política, Ricardo Patiño, también participará en este encuentro, que fue gestionado por miembros del Comité Ejecutivo del PDA durante la reciente investidura de Correa como jefe de Estado del país vecino, para un segundo mandato, refirió Efe.

 

En la cita con Correa estarán los integrantes de la Comisión Internacional del PDA, conformada por el presidente y el vicepresidente de la formación, el senador Jaime Dussán y Carlos Bula, respectivamente, además del congresista Alexander López, y la coordinadora del mismo comité, Gloria Flórez.

 

Correa rompió relaciones con Bogotá el 3 de marzo de 2008, dos días después de que Colombia atacara una base de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en Ecuador

 

VENEZUELA: UN TRIUNFO BRASILERO

 

Por Edgardo Arrivillaga

 

Escrita en agosto del  2004  cuando Chávez consolidaba su poder político esta nota se actualiza con el desarrollo de la   polémica en torno a la UNASUR que  alcanzará su punto de implosión en la reunión que  se celebrara en Bariloche el próximo 28  y en la cual Chávez jugara el rol de Frankenstein y el Brasil- verdadero oponente  y a la vez socio complementario de los Estados Unidos en la región-sigue las máximas del testamento de Richelieu.

Vale la pena que les proponga una relectura del asunto mas allá de algunos datos  estilísticamente dramatizados  y  una situación internacional que se  ha modificado profundamente en solo cinco años.

 

 

El resultado de las elecciones venezolanas debe ser analizado en términos estratégicos, geopolíticos y de influencia regional, abandonando el matiz de utopía más o menos democrática que envuelve a las luchas sociales que llegan a soluciones paritarias que, en general, tienden más a la división de sus países más que a la unidad, simplemente porque la base social ya esta irremediablemente fracturada.

 

El triunfo de Chávez consolidará una vasta plataforma antinorteamericana en el subcontinente y dará alas a los sectores de izquierda que pugnan por superar a los partidos nacionalistas estatales surgidos en los ‘40 (el peronismo argentino es uno de ellos), pero también, de alguna manera, a las expresiones superspetites en Bolivia, Perú y Brasil, intentando suplantar el esquema desarrollista de alianza de clases por uno más agresivo de simple confrontación y enfrentamiento. Ayuda a esta operación la africanización de Latinoamérica, la profundización de su crisis política y la globalización de sectores transnacionales que, como el narcotráfico o la acción de la criminalidad organizada, insinúan sus costados globalizadortes desde la economía marginal; también la gradual desaparición de la clase política democrática y liberal, surgida en los años ’80, y la consolidación del golpismo popular, hijo directo de las puebladas hispánicas antiliberales que no necesitan actualmente del poder militar para desarrollarse, lograr sus objetivos y, finalmente, alzarse con el triunfo.

La crisis “partidocrática” es continental y en la Argentina da origen a un Blumberg, mientras que en Venezuela, al pintoresco coronel de la verborragia del autodidacta; pero la enfermedad es exactamente la misma: la crisis de los artefactos parlamentarios y la búsqueda de los profetas más o menos desarmados.

 

El segundo aspecto de la cuestión es el triunfo de la diplomacia brasileña; tanto Lula cuanto sus aliados argentinos, Eduardo Duhalde y el inevitable doctor Alfonsín, son los ganadores objetivos de la contienda y operaran por izquierda para consolidar el frente antinorteamericano lusitano que en una segunda etapa negociara con Estados Unidos desde una posición de fuerza que pilotea el Brasil y que tiene objetivos bien precisos: la negociación bilateral del MERCOSUR con el ALCA, la obtención de un puesto permanente en el Consejo de Seguridad y la posibilidad de convertirse en el país llave de la subregión para todo el siglo XXI. La Argentina quedaría, entonces, en una posición secundaria. Los políticos argentinos, carentes de estrategia sólo podrán acompañar pasivamente esa inmensa tarea de la diplomacia lusitana que tangencialmente se convierte en nexo militar y social con África y con el mundo árabe -Haití es un ejemplo y los acuerdos militares con África y Egipto son la otra intersección del asunto-, y donde se revela que el presidente Chávez no es exactamente Castro sino más bien el ala izquierda del lusitanismo imperial, desarrollista y tercermundista en Sudamérica.

 

El tercer punto es que Estados Unidos puede soportar muy bien a otra sociedad dividida cerca de su territorio (ya lo han hecho repetidamente durante todo el siglo pasado), con la condición de que Petróleos de Venezuela siga constituyendo la reserva estratégica que compense tanto una agudización de la crisis en Medio Oriente cuanto una crisis mayor en el sistema de aprovisionamiento energético ruso que, compartido con Gran Bretaña, manifestará algunos puntos de interrogación en los próximos cuatro años, fecha límite tanto para el consumo cuanto para las reservas.

El cuarto punto es que tanto Bolivia, cuanto Chile, Perú, Ecuador y Colombia sufrirán los desarrollos de los movimientos indigenistas que, financiados por Chávez y en algunos casos simplemente por el narcotráfico, apuntarán a impulsar una salida al mar de Bolivia, a fracturar los Estados nacionales democráticos y liberales y a balcanizar adecuadamente la zona .

 

Por su parte, el factor Malvinas puede integrar esta vasta operación de implosión, ya que los países más perjudicados serán en primer lugar Colombia y luego Chile, que quedará aislado por la presión de factores que conspira contra su integridad nacional. Es probable, entonces, que acentúe su acercamiento con Gran Bretaña para paliar la defección ritualmente democrática del socio norteamericano preocupado por la agenda interna y la agenda medioriental, por Rusia y China. Ya el traslado del comando estratégico aéreo de Inglaterra a Italia preanuncia los nuevos posicionamientos y también las prioridades que subyacen detrás del llamado “multipolarismo”; y no es improbable en este esquema que China refuerce sus relaciones con el largo país cuchillo trasandino.

 

En el campo de las luchas sociales se está creando una brigada internacional latinoamericana de piqueteros y movimientos bandeirantes varios; estos se potenciarán, aceptarán las reglas democráticas y liberales cuando les convenga, pero intensificarán su presión social para ganar espacios de poder, obtener beneficios políticos de sus movimientos nacionales y, simultáneamente, conformar una coordinadora de piqueteros y fuerzas sociales a escala subcontinental. Serán apoyados por los movimientos antiglobalizadores y también por las fuerzas del narcotráfico, que deberán reposicionarse sobre los nuevos actores sociales que pretenden sepultar a los Estados nacionales heredados de la vieja América Latina antihíspanica del pasado; un narcotraficante inteligente debe buscar hoy un líder piquetero o a algún sociólogo medianamente indigenista, ya que los egresados de Harvard quedaron atrás.

 

Otra lección de la resultante venezolana, al margen de su difícil gobernabilidad, que a Chávez hacia adelante y no hacia atrás, es que la Argentina carece de una política exterior propia y que sus representantes democráticamente nacionales en la pléyade de veedores internacionales -básicamente Duhalde y Alfonsín- son simplemente un extraño subproducto de la cancillería brasileña; otro detalle interesante es que tanto la Vieja Europa cuanto la Nueva Europa rumsfeldiana han tenido un perfil extraordinariamente bajo en el desarrollo electoral, ya que las masacres en África los han cautivado más.

 

Finalmente, hay que tener en cuenta que la Iglesia Católica venezolana ha denunciado presurosamente las presiones y los intentos de fraude, así como las compras de votos. Con un Papa exangüe y en extinción física es evidente que tanto Roma cuanto Israel mantienen intactos sus resortes estratégicos a medio y largo plazo; Chávez no conviene a los segundos, debido a su apertura hacia mundo árabe más radicalizado, y el actor católico, por su parte, no puede convalidar un triunfo político que divide como un yatagán a la sociedad venezolana y que la prepara para una guerra civil y política de baja intensidad.


 

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