DUHALDE, TERMINANDO LA TRAVESIA DEL DESIERTO

 

Por Barneby Fernández

 

 

Conocí a Ricardo Cárpena a fines de los sesenta, cuando visitaba nuestro estudio para charlar y “cambiar figuritas”. Trabajaba en Siete Días y firmaba notas pese a su juventud. Hombre tranquilo, mesurado, apenas escéptico y con aire tristón. La Nación publicó el domingo 9 de este mes un notable reportaje a Eduardo Alberto Duhalde. El reportaje no es un género fácil. Para que salga bueno necesita una atmósfera especial entre reportero y reporteado.

 

Duhalde es bastante raro como espécimen político argentino. Su carrera parece más producto de las circunstancias que de la ambición. Suele deprimirse. Arrastró el pesado lastre de amigos que sirven poco más que para espiar, pero supo promover a mejor gente, como Sarghini, Felipe Solá, Remes Lesnicov, Eduardo Amadeo. Gobernador, trataba igual a Jaime Linares (Bahía Blanca), Ricardo Ubieto (Tigre) o los radicales de Mar del Plata u Olavaria, para furia de los peronistas de esos distritos, que a los intendentes justicialistas. Nunca peleó públicamente con nadie. Mantuvo una estrecha relación política con Raúl Alfonsín, generando una sólida gobernabilidad provincial. La provincia recibió bastante obra pública y La Plata el Teatro Argentino, la terminación y reforma de su catedral y un estadio monumental. Hostigado por Menem, nunca pudo ser “primus inter pares” entre los gobernadores peronistas, si es que alguna vez lo deseó. Sostuvo un matrimonio con una mujer ambiciosa y guerrera, sin claudicar. La leyenda del narcotráfico es falsa. Dedica tiempo a sus hijos. No es muy leído, pero díganme si algún presidente lo fue desde Frondizi hasta hoy. Y es joven.

 

El reportaje tiene muchas afirmaciones notables, pero lo más llamativo es su postura general. Se coloca por encima de las grandes figuras y casi afuera del peronismo en muchos tramos.

 

La única virtud que dice tener es la experiencia. Yo agregaría la cantidad y calidad de las relaciones y su prestigio internacional, muy superior al local.

 

Era cantado que volvería a la cancha después del 23-J, pero sorprende la contundencia y el análisis de la actual situación.

 

Veremos que hará en los dos años y medio que prepararán las elecciones generales.

 

Nota relacionada: A Barneby, sobre Duhalde

 


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