UN SEPELIO Y UN CLIMA DE "OJO POR OJO"

 

Junio de 2009

 

 

La Nueva Provincia , bajo el titulo Sepelio ,nos informa de los pormenores  que rodearon al nuevo escándalo   impulsado por la ex  asesora del general Juan Carlos Ongania,  Nilda Garre-retirada vía la Caja Policial -con respecto al fallecimiento  del  general Werhner y la prohibición de su velatorio en un gesto administrativo plagado de ira  paleobolchevique.En las ultimas horas este cronista ha podido  constatar que la transición de la muerte hacia la vida  de Werhner ha desatado una clima de virulencia en los mandos jóvenes del ejercito. Hay un extraño clima de "ojo por ojo" que se percibe en mayores y capitanes.

 

La renuncia del general de División  Jorge Enrique Altieri,lanzada como un cachetazo al rostro  de la Defensa Nacional   montoneril  tiene mas fuerza de  lo previsto.

 

Raros son los generales de División de 56 años que renuncian   a cargo alguno.
Mucho menos ante la inminencia de un duelo electoral que no favorece  al oficialismo.
¿O será justamente por eso ?Y no correr los riesgos que ya ve  venir el general Balza ,desde la lejana Colombia.
" Acá hace falta otro avión negro " masculló un hombre joven.
"Para volver a donde  ?"-se le preguntó.
"-Volver no ,para que se vayan" -acentuó  con una mueca cáustica  el  interlocutor.
    
 
Sepelio
 

Mas allá de las consideraciones de índole política y, eventualmente, jurídicas que correspondiera hacer respecto de la decisión adoptada ayer, a expensas de un oficial superior fallecido, por la titular de Defensa, Nilda Garré, conviene pasar revista al costado humano del tema.     

 

Muerto en Salta el general de división (RE) Rodolfo Wehner, era lógico que se lo velase en la principal guarnición militar de esa ciudad. Lo propio se disponía a hacer su jefe, el general Jorge Enrique Altieri, cuando fue notificada a la ministro que no se autorizaba el sepelio. ¿La razón? Wehner había sido acusado de diversos delitos --nunca probados-- en la guerra contra la subversión librada por las Fuerzas Armadas en los años setenta del pasado siglo.     

 

No le importó a la señora Garré que el difunto hubiese sido desprocesado y que no pesase sentencia alguna en su contra. En realidad, lo que transparentó su orden es la perversa animadversión que el gobierno kirchnerista ha tenido desde siempre hacia los militares. No es ésta la primera vez que sucede y, seguramente, no será la última.     

 

Mención aparte merece la dignísima actitud del señor general Altieri, quien, ante tamaña infamia, pidió su inmediato pase a retiro. Algo que, por supuesto, debieron haber hecho también el comandante del III Cuerpo de Ejército, del cual depende la guarnición salteña, y el jefe de Estado mayor general del Ejército. Pero el honor, para ellos, es una palabra apenas. La cual, además, los incomoda.

 


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