Brasil entra en Centroamérica

 

Por Andrés Oppenheimer

 

 

Oppenheimer es el nuevo John Ghunter de los comentaristas internacionales americanos. Hace 50 años  Ghunter desparramaba el ideario americano y en algunos casos mundial en   documentados libros  saturados de reportajes bien hechos que sembraban la doctrina americana  en el mundo.Esta vez Oppenheimer –que ya erró y de lejos con su libro Cuentos Chinos ,intento minimizar el rol chino porque justamente no conviene a los intereses americanos en la región- apuntando  de paso a una aislada  iniciativa exitosa  diplomática ,tal vez la única , del social-fascismokirchnerismo militante –esta vez la emprenda con el Brasil.Todos sabemos perfectamente que el Brasil es el  amigo –enemigo – aliado –oponente , de Usa en   Sudamérica y que ese rol  de  complementación  jugara un rol conflictivo para la  diplomacia estadounidense en el área ,con una precisión cronométrica en los próximos años .Es  por ello ,justamente  que  Oppenheimer  no cede ningún privilegio a la potencia lusitana emergente  y pese  a su  análisis  sus dedos no se separan demasiado, en esencia , del gatillo intelectual.Decir que Lula o el Brasil  mantiene una actitud “  egoísta “ no solo es una imbecilidad madornal.Es también no entender un ápice de la política exterior norteamericana en la región.Mucho menos de la brasileña a la que se pretende explicar.

A leer, entonces.

Strategicos.

 

El viaje del presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva a Centroamérica la semana pasada, pasó casi inadvertido, pero puso de relieve un interesante fenómeno: la creciente influencia de Brasil en una región que tradicionalmente ha sido vista como el patio trasero de México. Este fenómeno, que me llamó la atención leyendo un artículo del 4 de junio en el sitio de internet www.infolatam.com, es una nueva evidencia del creciente rol de Brasil como líder regional latinoamericano en la última década. A pesar de ser el país más grande y populoso de Latinoamérica, Brasil había sido durante mucho tiempo un gigante dormido, que no quería tener mucho que ver con sus vecinos, ni involucrarse en los conflictos políticos de la región. En Latinoamérica muchos bromeaban que Brasil era un ``dinosaurio vegetariano''. Pero desde fines de la década de 1990, cuando Brasil puso su economía en orden, el país ha ido aumentando gradualmente su liderazgo político y económico en la región. En el 2000, lanzó las cumbres sudamericanas, que excluían automáticamente a México y dejaban al gobierno de Brasilia en el lugar de líder indisputado de la región. En el 2008, Brasil llevó al grupo un paso más allá con la creación de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), convirtiéndose en anfitrión de la primera cumbre de Latinoamérica y el Caribe, sin la presencia de Estados Unidos. Ahora, Brasil está poniendo sus ojos en Centroamérica. El viaje de Lula a El Salvador, Guatemala y Costa Rica, la semana pasada --mientras la atención de la región se concentraba en la reunión de la Organización de Estados Americanos en Honduras para levantar la suspensión de Cuba en la OEA --fue el tercero hecho por el presidente brasileño a Centroamérica en los últimos trece meses. La visita del 29 de mayo del 2008 de Lula a El Salvador fue la primera de un presidente de Brasil a ese país. El año pasado, Brasil se unió al Sistema de Integración de Centro América (SICA) --el bloque económico conformado por siete gobiernos del área centroamericana --en carácter de ''observador regional'', y anunció su plan de unirse al Banco Centroamericano de Integración Económica como miembro extraregional. Además, Brasil está iniciando negociaciones para firmar un acuerdo de comercio preferencial entre Centroamérica y el bloque económico sudamericano, el MERCOSUR. Por añadidura, Brasil ha incrementado su asistencia técnica a Guatemala para crear programas de reducción de la pobreza, ha concedido préstamos blandos a Guatemala para que compre 6 aviones ''Supertucano'' de producción brasileña, y ha puesto en marcha una planta experimental de etanol en El Salvador. Marisol Argueta, quien fue ministra de Relaciones Exteriores de El Salvador hasta el 1ro. de junio, me dijo en una entrevista telefónica que aunque Brasil ha asumido un rol de mayor protagonismo en toda Latinoamérica, ``el fenómeno se nota mucho más en Centroamérica, porque hasta hace dos años nuestras relaciones con Brasil eran casi inexistentes''. Aunque México --y cada vez más, Venezuela-- son los socios económicos latinoamericanos más importantes de Centroamérica, el rol de Brasil está creciendo rápidamente. El comercio bilateral de Centroamérica con México es de $4,400 millones por año, mientras el comercio con Brasil es de $1,200 millones, según cifras oficiales. Pero los avances más importantes de Brasil en Centroamérica posiblemente sean políticos, y quizá sirvan como contrapeso a los esfuerzos venezolanos para a apuntalar a grupos radicales de izquierda en la región. El nuevo presidente izquierdista de El Salvador, Mauricio Funes, cuya esposa es brasileña y ex activista del Partido de los Trabajadores de Lula, dijo la semana pasada que ``mis dos referentes son Barack Obama y Lula da Silva, mi amigo personal''. Mientras el presidente de Brasil asistió a la ceremonia de asunción de Funes, el presidente venezolano Hugo Chávez --quien oficialmente había financiado a alcaldes partidarios de Funes por medio de ventas de petróleo subsidiadas-- estuvo notoriamente ausente. Más tarde Chávez alegó que se había quedado en casa por razones de seguridad. ''Brasil es bienvenido en Centroamérica como aliado estratégico e ideológico'', me señaló Manuel Orozco, un experto en Centroamérica del Diálogo Interamericano, con sede en Washington.

 

``Lula representa el punto de equilibrio político-ideológico que la región trata de lograr internamente''. Mi opinión: La buena noticia es que la creciente presencia de Brasil en Centroamérica será un buen ejemplo económico, y un contrapeso a la influencia de Chávez en la región. La mala noticia es que la política exterior de Brasil es inusualmente egoista, y ha mostrado poco interés en defender los derechos humanos o en cumplir con compromisos regionales para la defensa colectiva de la democracia. Si en vez de elogiar públicamente a Chávez y a la dictadura cubana mientras negocia en privado una mayor presencia de empresas brasileñas en esos países, Lula se abstuviera al menos de ofrecer apoyo moral a los gobernantes autoritarios, le haría un enorme favor a Brasil, y al resto de la región.

 

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