LOS KIRCHNER Y LOS RECURSOS NATURALES

AGUA, MINERÍA Y OTRAS  AMABLES TRAICIONES A LA PATRIA

 

Por Roberto Maturana

 

Del mismo modo que el petróleo ha pasado a ser el «oro negro» del siglo XX, el agua está destinada a convertirse en el «oro azul» del siglo XXI. El agua que disfrutamos día tras día, se convierte en un recurso cada vez más escaso y lucrativo. En menos de un cuarto de siglo se calcula que dos tercios de la población mundial no tendrá acceso adecuado a los suministros de agua dulce. Nuestro continente disfruta de gran abundancia de agua dulce. Tenemos cuatro de los 25 ríos más caudalosos del mundo: Amazonas, nuestro Paraná, Orinoco y Magdalena. Además de alguno de los lagos más grandes del mundo, entre ellos el Buenos Aires que compartimos con Chile, y una cordillera plagada de valles glaciarios y fluviales. Quienes vivimos en estas generosas tierras, deberíamos tener las asignaciones de agua dulce per cápita más elevadas del mundo.    

 

 

Por otro lado, sufrimos una sequía tan acuciante que aproximadamente el 25% del territorio del continente se considera árido o semiárido. En este porcentaje no solo se calculan los desiertos naturales sino amplias zonas convertidas en áridas por el desmanejo de los recursos por parte de los gobiernos, y como ejemplo latinoamericano nuestro país luce con el Noreste argentino. Para completar el panorama desalentador, las aguas dulces de nuestro territorio, sufren contaminación constante porque se convierten en vertederos de desagües de minas, depósitos industriales y aguas residuales de ciudades sin ningún tipo de tratamiento.

 

    La progresiva escasez de agua se asocia a una cada vez mayor demanda de este recurso vital. Su valor ha crecido hasta triplicarse y más. Los especuladores de la inversión han procurado adquirir derechos de aguas con el fin de luego venderla. Los magnates del agua explotan los recursos de agua dulce del planeta y los venden al mejor postor. Como reacción ante esta crisis de agua y a los programas de los magnates de este recurso, surgen movimientos comprometidos con la lucha por el agua. Su mensaje principal es que el agua es un elemento esencial de la vida y, por lo tanto, toda el agua pertenece a la naturaleza y al hombre. El agua es pues, un derecho humano universal, y pertenece a los bienes comunes, como espacio no lucrativo de la vida que debe conservarse para la naturaleza y la humanidad. Cristina veto ley de glaciares para repartirse más "patria"    

 

La Argentina, sin tutela constitucional alguna sobre el agua y sin frenos morales ni éticos, entrega el agua de todas las formas posibles. El 22 de octubre de 2008 el Congreso de la Nación sancionó la Ley Nº 26.418 de Protección de Glaciares y Ambiente Periglacial. El lunes 10 de noviembre del mismo año, la Presidencia de la Nación a través del decreto Nº 1837/08 vetó esta ley con “argumentos inconsistentes”, que reflejaban un profundo desconocimiento de la importancia de la protección de nuestros glaciares como fuente estratégica de agua potable para el sostenimiento de la vida y del desarrollo de nuestra comunidad.    

 

La estrategia kirchnerista ocultaba la entrega de mayores explotaciones mineras. El agua que consume una explotación minera es de volúmenes muy importantes pues la misma se usa para quitar el cianuro y otros químicos que finalmente impactan en las napas como lodos tóxicos. El nuevo desarrollo minero de Amos Andrés, instalado en la cordillera, nos muestra que el veto se dirige a uno de los fundamentos básicos de la ley de glaciares que prohíbe que en los glaciares y su entorno se realicen actividades que puedan afectar su condición natural o que impliquen su destrucción o traslado o interfieran en su avance. El agua de los glaciares y ríos de montaña son la pieza clave para la explotación minera. Recordemos que las mineras en nuestro país reciben subsidios, ejemplo único en el mundo. Se les paga el combustible, el transporte (flete), se le subsidia la luz, no pagan IVA, y por sobretodo, no se hacen cargo de la contaminación que genera la actividad. Además, las retenciones a la exportación, que son el 100% de lo producido, no superan el 5%.    

 

El emprendimiento minero Amos Andrés se encuentra enclavado en una zona plagada de cuencas glaciarias que pasan rápidamente a valles fluviales de fuerte pendiente. Ya está aprobado y soslayado a la espera de trasponer las selecciones nacionales por el impacto mediático que el mismo provocaría en la opinión pública. Se adjunto al final de este artículo el informe de impacto ambiental de Amos Andrés para que los ciudadanos al menos accedamos a lo que por ley es obligatorio comunicar por parte del Estado, ya que la ley 25.675 —General del Ambiente— obliga a fomentar la participación social en los procesos de toma de decisión y asegurar el libre acceso de la población a la información ambiental. La realidad de las explotaciones mineras argentinas se realiza con dinamita y químicos a cielo abierto y en las que se utilizan cantidades de aguas puras que se vuelven toxicas y se drenan en su cauce natural sin tratamiento. De cara al bicentenario, la gesta de ser patria en 25 de mayo de 1810, encuentra a nuestros presidentes K y sus funcionarios —como antaño a los colonialistas— esforzados en vender la Nación Argentina.

 

La Argentina entrega el acuífero y el Banco Mundial busca monopolizar el agua     El consumo mundial de agua se está duplicando cada 20 años, más del doble de la tasa de crecimiento mundial de la población. De acuerdo con las Naciones Unidas, más de mil millones de personas carecen ya de acceso al agua potable. Si esta tendencia continúa, para el año 2025 la demanda de agua potable se espera que aumente un 56 por ciento más que la cantidad de agua de la cual se dispone actualmente. Las corporaciones multinacionales reconocen estas tendencias, y están tratando de monopolizar el suministro de agua en todo el mundo. Monsanto, Bechtel y otras grandes firmas mundiales, están buscando controlar los sistemas de agua y su abastecimiento.    

 

El interés por el agua no tiene fronteras ni pruritos ideológicos. Hace unos pocos años, el entonces presidente norteamericano George Bush, compró más de 5 mil hectáreas en la localidad de Río Cuarto para desarrollar un emprendimiento para exportar agua a Europa, como producto premium. Su hija, antes que su padre, compró en Paraguay 40 mil hectáreas cerca del Acuífero Guaraní. Otro magnate norteamericano, Douglas Tompkins, posee miles de hectáreas cercanas a las reservas de agua más grandes e importantes del país. Compró 147.000 hectáreas en la provincia de Santa Cruz, cercanas a las desembocaduras de los ríos más importantes de la Patagonia y con gran caudal, como el Río Santa Cruz, capaz de abastecer a cientos de millones de personas durante siglos. Pretende este especulador del agua, apoderarse de las reservas de agua potable más puras del planeta, formadas por la cuenca de los hielos continentales Patagónicos, desprotegidos de toda legislación gracias al veto de la presidenta Cristina, que desembocan en su mayoría en el río más caudaloso de la Patagonia, el Río Santa Cruz, cuyas aguas son de origen glacial. Posee Tompkins, 179.000 hectáreas que se encuentran justo encima del acuífero guaraní, la tercera reserva de agua potable del mundo más grande. En el 2006, creó la fundación Patagonia Land Trust, cuya directora es Kris Tompkins que compró 62.750 hectáreas en la costa de Santa Cruz y es dueña de 100.000 hectáreas en los Esteros del Iberá, zona de descarga del acuífero. Además adquirió 4.000 en el Delta.   

 

  Las reservas de agua de nuestro país ya se encuentran en manos privadas, ajenas a nuestras necesidades. Sin control ni ley que pueda frenar la entrega de décadas, y con administraciones capaces de vetar cualquier intento de reglar el dominio de las aguas. La Argentina vende agua del Río Paraná  

 

   La empresa Makhena, radicada en la Argentina y en Miami, es la autorizada a exportar agua del Río Paraná. Según informes del sector privado, Makhena ya efectuó este tipo de negocios de 1983. La empresa admitió que un buque cisterna despachado con 7.000 toneladas de agua tendría hoy un costo cercano a US$ 2 millones.   

 

  El agua se extrae del Río Paraná con anuencia de nuestra Ministra de la Producción, Débora Georgi, que se asocia al emprendimiento en la ausencia de control y regulación. Es común que los barcos cuando descargan hidrocarburos hagan lastre con agua. Entonces se hace el negocio de descargar esa agua en países como Curaçao y República Dominicana, que la compran. Esto puede dejar una ganancia aproximada de $ 100 mil dólares, mitad se reparte al barco mitad a la empresa. Los buques descargan en piletones que luego de potabilizarla se vuelca en la red. No hay precio por litro. El agua se exporta también a medio Oriente y hasta a China.    

 

Se puede sacar agua de la desembocadura del Paraná y paga un arancel de exportación que es un 6 por ciento de lo que puede cargar el buque, entre 70 mil y 130 mil toneladas. No existe regulación a nivel nacional que proteja el agua y que grave esta actividad. Nuestros legisladores tienen proyectos de ley al respecto que son año a año cajoneados.    

 

Sin control sobre nuestra cuenca fluvial: las bajas del Paraná y del Iguazú     Brasil tiene más agua que ningún otro país, pues dispone de la quinta parte de los recursos de agua del planeta, dato que no le resulta desapercibido a su gobierno, ya que desarrolla un política clara en la construcción de represas unilateralmente, o a través de la firma de tratados binacionales en su mayoría, que le permite manejar el caudal de agua de todos los ríos que dependen de su cuenca.    

 

Un nuevo proyecto brasilero sobre el río Iguazú, ha provocado un pedido de informe a la Cancillería por parte del diputado Timoteo Llera legislador del Frente para la Victoria de Misiones: “Ojalá podamos crear un movimiento para impedir esta nueva represa”. La nueva represa se levantaría 90 kilómetros al norte de los majestuosos saltos, compartidos por la Argentina y Brasil. La construcción de la represa, que se llamaría Baixo Iguaçu o Capanema y será la sexta sobre el Iguazú, después de Foz do Areia, Salto Segredo, Salto Santiago, Salto Osorio y Salto Caxias.   

 

  “Cada vez que en Brasil abren o cierran las compuertas, baja o sube el nivel del agua en las cataratas, y eso afecta la biodiversidad en las costas que requieren de un ambiente húmedo constante”, dijo el responsable del Parque Nacional Iguazú hace semanas, Daniel Costras. Según Costras, la abundancia o baja de agua en los saltos estuvo históricamente relacionada con el régimen de lluvias. Pero entonces los períodos estaban bien delimitados. En octubre, caían 2.500 metros cúbicos de agua por segundo, y en abril se pasaba a unos 1.320 metros cúbicos por segundo. Ahora los cambios son bruscos, advirtió. “En un día, el agua puede subir o bajar medio metro en la costa”, ejemplificó, y se explica por el manejo de los recursos del otro lado de la frontera. La realidad es que no existe tratado que regule la construcción de obras sobre los río y que no se puede impedir a Brasil que construya una nueva represa en su territorio, en el estado actual de negociación interregional tan publicitada por el gobierno. Cada vez que viene Lula se firman acuerdos que nunca sabemos en qué nos benefician. Nuestros gobernantes están ocupados sólo en la entrega, jamás en una política que preserve nuestros recursos aunados en un proyecto de país que —ex profeso para los presidentes K— no existe.     La Fundación Proteger, hace tiempo advierte públicamente sobre la necesidad de un “enfoque ecosistémico” de las cuencas, que necesita consenso de los países. “El manejo del agua en cuencas compartidas es uno de los grandes desafíos de nuestro siglo”, en palabras de Jorge Cappato de la entidad.  

 

   Cappato recordó que en junio de 2006 las Cataratas del Iguazú quedaron “casi secas” por el cierre de las compuertas de las cinco represas brasileñas para acumular agua y generar electricidad en un período de sequía. “Había escasez de lluvia, pero lo decisivo fue el cierre de las represas”, remarcó.     En su opinión, debería existir un plan de manejo regional para evitar impactos económicos y sociales ulteriores tanto en el Iguazú como en el Paraná y en el Uruguay, que conforman la vasta Cuenca del Río de la Plata. La Fundación alerta como siempre a nuestro gobierno sobre la pronunciada bajante del caudaloso Paraná, a raíz de la actividad de los embalses de las centrales hidroeléctricas Yacyretá, argentino-paraguaya, e Itaipú, brasileño-paraguaya. La altura media del Paraná en la nororiental provincia de Corrientes, que era de 4,05 metros en 2007, bajó a 3,38 metros en 2008 y a 2,54 metros en enero de este año. La escasez de lluvias es el factor desencadenante, pero las represas agudizan el problema al acaparar agua para generar electricidad. Igualmente delicado es el equilibrio del río Uruguay que, con casi 25 represas en su curso, varias de ellas binacionales, va camino de convertirse en una cadena de estanques aislados, con impactos en la pesca, los humedales, la calidad y cantidad de agua y la biodiversidad regional, advirtió Cappato. El desinterés del gobierno sobre la vida de los ribereños y su subsistencia    

 

“Es precisamente en períodos de escasez de agua cuando las grandes represas retienen en sus embalses buena parte del caudal del río con el objeto de asegurar su generación, en desmedro de las poblaciones ribereñas que viven aguas abajo y cuya economía, alimentación y subsistencia dependen en gran medida del buen estado de las pesquerías del Paraná”, especifica la Fundación Proteger en una misiva enviada hace poco más de un mes, al canciller argentino, licenciado Jorge Taiana, solicitando información sobre el manejo de los caudales de agua del río Paraná que realizan las grandes represas binacionales Yacyretá e Itaipú, sobre los criterios que se utilizan para hacerlo, sobre si éstas disponen de manuales de operación que incluyan contemplar las necesidades de niveles hidrométricos mínimos para los ciclos de migración, reproducción y alimentación de los peces del Paraná, tendiente a recuperar las disminuidas poblaciones de los mismos. El pedido de información se da en el marco del Día Mundial de Acción sobre las Grandes Represas, fijado el 14 de marzo de 1997 en Curitiba, Brasil, al culminar el “Primer Encuentro Internacional de Pueblos Afectados por las Represas”. Cada año, desde entonces, organizaciones de todo el mundo —principalmente de comunidades damnificadas por estas grandes obras— realizan actividades y reclamos en simultáneo para esta fecha.   

 

  En las últimas semanas, pescadores del norte de Santa Fe y de las provincias de Chaco y Corrientes, informaron sobre el desecamiento de lagunas, riachos y arroyos de la planicie de inundación del río Paraná a raíz de la extrema bajante y la merma de los caudales por debajo de los promedios históricos. Miles de peces atrapados se asfixiaban y morían, incluidos surubíes, dorados y patíes, entre otras especies de gran valor económico, alimentario y social. “Según los especialistas, las represas no sólo impiden las migraciones de los peces aguas arriba, sino que —al retener el agua cuando los peces realizan migraciones transversales en la planicie inundable— impiden que se completen los ciclos de desarrollo y reproductivos. Por otra parte, los embalses alteran irreversiblemente el hábitat acuático: según expertos del CONICET, Yacyretá e Itaipú en conjunto destruyeron el 44% del área reproductiva de las especies de surubí (Oldani, 2004)”, consigna el documento de Proteger. Grandes represas, daños colosales     La nota enviada por proteger a la Cancillería señala que “como sabemos, Yacyretá es una gran represa administrada por un organismo argentino-paraguayo, la Entidad Binacional Yacyretá (EBY); mientras que Itaipú es otra enorme represa binacional regulada por Paraguay y Brasil, cuyo embalse –de 170 km de largo–, se extiende sobre el Paraná a sólo 14 km al norte de la frontera con la Argentina”.     “Ambas —prosigue—, han provocado ya un colosal impacto en las pesquerías y los humedales fluviales, haciendo sentir su efecto negativo centenares de kilómetros aguas abajo. Impacto que se refleja particularmente en la merma poblacional y de tallas de los grandes peces migradores, precisamente los de mayor valor económico, alimentario, deportivo y turístico”. “Esto explica que en enero pasado la Asociación de Pescadores del Chaco (ASOPECHA), hiciera llegar una nota a las autoridades del Chaco manifestando su honda preocupación por el manejo del agua en las represas del Paraná”.   

 

  “Por nuestra parte, ante una consulta del Gobierno de la Provincia de Santa Fe, ante la merma del surubí y otras especies de peces, solicitamos desde la Fundación Proteger, en nota del 26 de enero 2009 a los Ministros de Producción, y de Aguas y Ambiente, y a través del Consejo Provincial Pesquero, requerir “al Gobierno Nacional y a la Cancillería iniciar urgentes acciones tendientes a conocer y eventualmente modificar el manejo de los caudales de agua por parte de las represas ubicadas en el río Paraná, especialmente Yacyretá e Itaipú”, añadió.    

 

“No sólo la pesquería está afectada, hay otros impactos económicos y sociales altamente negativos de estas represas para mensurar. La marcada falta de caudales en el Paraná obligó semanas atrás a suspender la navegación en algunos sectores y a disminuir la carga de las embarcaciones. El acceso a los puertos y sobre todo a pequeños muelles utilizados por poblaciones a lo largo de la costa del río se vio dificultado o impedido, por lo que muchos turistas cancelaron viajes ligados a navegaciones por el Paraná. También se clausuraron balnearios y, como en Rosario, hubo que tomar medidas y gastar en equipamiento para asegurar la captación y el bombeo de agua hacia las plantas de potabilización”, dijo finalmente Cappato.     "Para los argentinos cristianos, la fiesta cívica tiene también su dimensión religiosa. No sólo de plegaria sino también de compromiso político. Es hora de que asumamos nuestro personal compromiso cristiano de colaborar, codo a codo y con hombres y mujeres de buena voluntad, en reconstruir el tejido social de la sociedad argentina.

 

Ni pesimistas ni optimistas, realistas. Estamos viviendo un caos social-político: confusión, desorden, incoherencia, desconcierto, falta de transparencia". Homilía Obispo Esayne 25-5-2009.     Los Kirchner  serán juzgados al terminar su mandato.

 

*Oficial de marina


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