NUNCA MÁS, OTRA VEZ

 

Por Edgardo Arrivillaga.

 

Parece que los derechos humanos vienen para todos. Y de alguna manera alguna gente como Horacio Vertvitsky quedara atrapada en el asunto.Emulos del general Bignone, que pretendió ingenuamente autoindultarse, los ex montoneros Bonasso y Horacio Vervitsky  serán  los primeros inculpados en la ofensiva que se viene.Pero esta vez contra la izquierda militarizada de los setenta.

Hasta ahora todo venia razonablemente bien para ellos, Nilda Garre y otra gente que ha jugado inteligentemente a dos bandos, duros hacia afuera, estrechos colaboracionistas del proceso hacia adentro revistaban en el gobierno, se daban palmadas con Anibal  Jozami  y   discurrían con un discurso algo anacronístico sobre doctrinas de defensa inexistentes por falta de presupuesto.

Pero el   imprevisto dictamen sobre el penoso cautiverio y posterior asesinato  a la vietnamita-  del coronel Larrabure es solo el comienzo de una punta de iceberg que aflorara como  un  extraño fantasma surgido de la nada en los próximos días .Un  tren fantasma o para ser mas exactos, una nave fantasma.

 La fantasía  se encuentra en los mismos juicios de las juntas y en  la reciente muerte de Raúl Alfonsin, profundamente atacado por la  glucida raviolera Bonafini-usurpadora de cadáveres inexistentes –a la que también las cosas comenzaran a dársele vuelta.

En el juicio a las juntas comenzó a instalarse una  semiverdad, la imposibilidad para el poder político de determinar que en la Argentina se había desarrollado una miniguerra civil entre grupos de inteligencia de las Fuerzas Armadas y de Seguridad y  grupos de inteligencia de  las organizaciones político militares que  proyectaban instalar un esquema vietnamita o  argelino para el resto del país.

La dificultad para establecer esos límites estaba en la calidad ambigua, confusa y  metaforizada de la definición misma de guerra civil.Y en las características paramilitares exhibidas  que convertían a las operaciones militares de represión y a las terroristas de desestabilización en simples fetiches de la revolución y la contrarrevolución de forma extrañamente simultanea y a la vez tramposamente retroalimentadora.

También, de la necesidad de llegar a la figura de genocidio, de un genocidio tan planificado e inoperante que mas allá de los muertos determino que represores se casaran y tuvieran hijos con reprimidas, que algunas familias se hayan formado  silenciosamente en las mazmorras y que los militares al no saber  que hacer exactamente  con los niños  apresados en lugar de pegarles un tiro en la nuca optaron por la cristiana y mercedaria solución de adoptarlos.

El problema  de todo  esto era reconocer que en la Argentina había habido bandos, y que uno de ellos había logrado imponerse militarmente sobre el otro simplemente por la profesionalidad de sus cuadros ,la autodelación cometida  flagrantemente por las organizaciones político militares que entregaron a su propia gente-si   el pentotal corrió de un lado pero la atropina funciono claramente del otro en enfrentamientos ínter fuerzas   provocando daños insanables en alguna gente - y la absoluta pasividad de la población civil que ya no solo desato  ningún Cordobazo de apoyo a la guerrilla  sino que esperaba simplemente el restablecimiento del orden.

Orden de sepulcros blanqueados como decía líricamente George Bernanos.

Si, orden de sepulcros blanqueados o escondidos en los sargazos de las costas ribereñas argentinas y uruguayas. Lo cierto es que todos estos acertijos crearon una gran confusion.Asi, tenemos una sociedad civil que agrupando políticos profesionales  incapaces de manejar un arma corta triunfan titánicamente  sobre las fascistas fuerzas de la reacción o en otras palabras partidos políticos militares de izquierda  en retiro efectivo que vencen a través del tiempo a  partidos políticos militares – nuevamente fascistas, claro esta -  de derecha.

Detrás de estas fantasías  de geriátrico inacabado que terminan en el nunca más se esconde la enorme mistificación que en los próximos días comenzara  a derrumbarse.

Detrás de Larraburu viene la investigación y el pedido de juicio por el asesinato de Arturo Mor Roig, del sindicalista anticomunista José  Rucci-asesinatos  jactanciosamente  y exquisitamente descriptos por funcionarios y asesores que hoy se encuentran en este gobierno y no en otra parte- y  mientras la socialdemocracia europea ya conoce estos asuntos, gente local como el  candidato Guistiniani  o Binner temen exactamente lo peor, anacronisticamente en términos históricos , lo peor para el país.

Se sabe que detrás de estos pedidos de juzgamiento   quedan abiertos como cadáveres sin sepultura  realidades humanas  horrendas y letales  simplemente  porque  Néstor Kirchner así lo dispuso en su irresponsabilidad histórica al exhumar una guerra civil  que  para algunos no parece haber terminado y en la que este miserable que carece de fuero alguno  jamás participó.

Ni siquiera como oyente.

El país vive un momento de máxima tensión y  se sabe que   armas y pertrechos están entrando de forma extraña  y que no solo el dengue se abate sobre las porosas fronteras argentinas.

Detrás de Larraburre vienen los otros, las otras victimas y los derechos humanos como paradigma fundacional  de la democracia argentina tullida e  imperfecta, comienzan a tener un bajo coeficiente de popularidad en función de la realidad que martilla a diario sus percutores  de asesinos comunes sobre  los simples ciudadanos.

En una curiosa dialéctica lo que se viene en el plano de la propaganda y contraproganda podría sintetizarse en dos palabras que se  anulan entre si como el rey ahogado en un  juego de ajedrez de tablas que da suma cero.

Nunca Más.

Otra vez.

 

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