Entre ellos, Abal Medina a Interior y Randazzo jefe de ministros

POSIBLES CAMBIOS EN EL GABINETE

 

Por Carlos Manuel Acuña

 

 

Desde hace unas horas en medios oficiales y privados comenzó a circular la noticia de posibles cambios en el Gabinete Nacional como una fórmula de superar disidencias internas y ofrecer ante la opinión pública una imagen renovada. Para algunos, los pocos cambios que se producirían son nada más que el anticipo de otros más amplios que dependen de la marcha de la crisis política, la forma en que se vote en el Congreso el acercamiento de las elecciones y finalmente, entre otras cosas la evolución que tome el enfrentamiento del gobierno con el campo. Los observadores mejor informados de los cambiantes humores del matrimonio presidencial, también influirán en este tema habida cuenta de las caprichosas reflexiones - y las caprichosas conclusiones - de Néstor Kirchner respecto del comportamiento de sus colaboradores más cercanos.

En tal sentido, los celos políticos que comenzaron a crecer en la mente y ánimo de quien maneja el poder respecto del jefe de Gabinete, Sergio Massa, culminarían con su alejamiento y retorno a la Intendencia Municipal del Tigre. Massa, quien hace tiempo perdió su alegre sonrisa, cayó en desgracia poco después de haber llegado a la Casa Rosada, pero el rápido cambio del escenario, la creciente gravedad del enfrentamiento abierto contra el campo y el progresivo debilitamiento gubernamental, aceleró los tiempos y su renuncia estaría más cercana de lo que se supone.

Su reemplazante sería el actual ministro del Interior Florencio Randazzo, cuyas acciones subieron hasta tal punto que ejerce un papel preponderante en el conflicto con el ruralismo. En su reemplazo sería designado el hijo de José Manuel Abal Medina - quien desempeñó un rol descollante durante la corta presidencia de Héctor J. Cámpora y fue un importante jefe de la juventud peronista durante los años setenta - que ocupa un cargo de jerarquía dentro de la órbita de la secretaría de Comunicaciones.

La movida tiene sus bemoles por el tenor de la crisis general que vive el país y la necesidad de encontrar una salida que afirme la estabilidad del kirchnerismo que para poder mantener el actual poder legislativo necesita obtener en las próximas elecciones un caudal global de más de siete millones de votos, una cifra algo más difícil de obtener.

Por la cantidad de legisladores que se renuevan en las ocho provincia donde se realizarán los comicios, la frase más común que se escucha en los medios políticos y periodísticos es la que sostiene qiue "los Kirchner, aunque ganen, igual pierden". Esto se debe a que la renovación de bancas y la capacidad electoral del oficialismo hace imposible que alcance este nivel de respuesta política, por lo que hoy ya es un hecho que perderá el control de las Cámaras.

Esta circunstancia, siempre y cuando no se produzcan otros sucesos que alteren el cronograma, pondrá en evidencia la deflación política de quienes hicieron de la confrontación una estrategia, del incumplimiento de los anuncios una costumbre y de la corrupción generalizada una comprometida dependencia. Así, en medio de una decadencia profundizada hora a hora, de una inseguridad que altera los ánimos y de una situación de quiebra económica que se avecina con toda su carga de impedimentos financieros para continuar con la caja compradora de voluntades, es una certeza de que la Argentina se enfrenta a una incertidumbre que se hace insoportable. También lo es para el gobierno pero éste todavía cree que pese a la inexistencia de ideas rectoras entre quienes deben tomar decisiones en un mundo cada vez más difícil, una profundización hacia la izquierda le otorgará respuestas para capear el temporal. Después...Dios dirá.

 


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