RESPUESTA DE VICTOR LAPEGNA A ALFREDO LEUCO

 

Diciembre 2008

 

 

Esta clara respuesta del compañero Lapegna  al  amanuense Leuco aclara algunas cosas pero  no  enfila su sable en un problema esencial.En este gobierno de  corruptos onanistas-Leuco es corrupto y tiene una cara de  onanista de los vermichellis -hay gente que se cree propietaria del copyrigth de la cuestion social.Esta brava gente como todo catocomunista  mas o menos encubierto creen que lo social pasa por ellos y que solo ellos pueden explicarlo.

No se que hacia Leuco en los 70 ,probablemente arrastraba  sus  rechonchos gluteos por alguna redaccion vinculada a los militares y su conciencia culposa,tambien propia de los comunistas, lo hace  erigirse en un  devaluado fiscal de la Republica ,en este caso desde Perfil.El kirchnerismo ha tenido mejores plumas -Torcuato Di Tella  fue una de ellas ,pero intuyo que a medida que se acerquen los  fuegos de agosto la cosa se ira limitando,restringiendo a  esos penosos ejemplares  del zaping ideologico  como Leuco.

Hasta que el propio Leuco sacrificadamente se vuelva  duhaldista,postkirchnerista o lo que fuere.Y consuma mas y mas cantidades de jabon Ala...

Son las metamorfosis de la  zurda  desprolija que se merece exactamente el destino que el general De Gaulle le propino a Brasillach.

El fusilamiento ,sin mas vueltas .Y en cuanto a lo social  gradualmente esta argumentación  se ha ido convirtiendo en el ultimo refugio de los miserables.Como Leuco,justamente.

Arrivillaga. 

 

 

"Eduardo Duhalde no encuentra su verdadero rol y, producto de su apuro por sumar, aparece en fotos o solicitadas al lado de personajes absolutamente desprestigiados en la sociedad, como Luis Barrionuevo, Julio Cesar Aráoz o Víctor Lapegna, por poner sólo tres ejemplos." De la columna que firma Alfredo Leuco en la edición de Perfil del sábado 13 de diciembre.

"Prestigio: Autoridad, influencia, ascendiente, crédito // Fascinación atribuida a la magia, ocasionada mediante un sortilegio// Engaño, ficción o apariencia con que los prestidigitadores emboban y embaucan a la gente".  Del diccionario Larousse.

Dado que me llamo Víctor Lapegna y firmé una solicitada que, entre otros, también rubricaron Eduardo Duhalde, Luis Barrionuevo y Julio César Aráoz, es obvio que yo soy uno de los tres ejemplos de "personajes absolutamente desprestigiados en la sociedad" que menciona Leuco en su nota y por medio de estas líneas pretendo ejercer el derecho a réplica.

Empiezo por señalar que situarme en el mismo nivel que Barrionuevo y Aráoz es atribuirme una relevancia que no tengo.. Mi compañero Barrionuevo, además de ser diputado nacional y líder de la CGT Azul y Blanco y del sindicato gastronómico, tiene hace años un grado de exposición social que hace que él, sus ideas y su accionar sean muy conocidos por la mayoría de los argentinos. Con las diferencias del caso, lo mismo cabría decir de mi compañero y amigo Aráoz. Yo, en cambio, sin mengua de mis casi 50 años de militancia política, soy un desconocido para la mayoría de los argentinos y, al menos por eso, mal puedo tener prestigio o desprestigio en una sociedad que, como tal, ignora mi mera existencia. No soy ni quiero ser un "personaje"-  sea cual fuere el sentido que se le quiera dar al término – y Dios sabe que me esfuerzo, no siempre con éxito, por ser una buena persona.

Por lo demás, es poco probable que alguien (sea yo o cualquiera) carezca "absolutamente" de prestigio social. Por mi parte, podría citar a no pocas personas entre mi familia, mis amigos, muchos de mis compañeros peronistas y otros conocidos que no lo son –todos los cuales forman parte de la sociedad – que estarían dispuestas a testimoniar que me consideran dotado de "autoridad, influencia, ascendiente, crédito", según la primera acepción que da el diccionario de la palabra "prestigio". Aún en el supuesto caso de que esas personas entre las que tengo prestigio fueran menos que las que opinan de mí lo contrario, bastaría con ellas para desmentir que mi presunto desprestigio social sea "absoluto".

Hechas estas correcciones, podría sentirme complacido por haber sido incluido entre quienes están "absolutamente desprestigiados en la sociedad", si de la palabra “prestigio” se tomaran cualesquiera de las otras dos acepciones del diccionario. Pero es obvio que no fue esa la intención de Leuco.

Según llego a colegir, la tirria que parece sentir Leuco hacia mi modesta persona puede devenir de su pertenencia al cortejo doliente de viudas y viudos de la Unión Soviética , nostálgicos del socialismo del siglo XX, quienes tienden a sentir un rencor interminable hacia quienes, como yo, pertenecimos a su tribu, conocemos muchos de sus secretos y no los mantenemos como tales.  

Parafraseando lo dicho por José Martí respecto de los Estados Unidos, yo podría afirmar del comunismo que “conozco al monstruo porque vengo de sus entrañas” ya que en mi adolescencia y primera juventud formé parte del sistema prosoviético que operaba en la Argentina y es por eso que a quienes formaron parte de sus redes “los conocí naranjo”, como decía el cura del crucifijo, en un chiste que solía contar Perón.  

Este dato de mi biografía sería insignificante si no fuera  que hace más de 35 años abjuré del comunismo y adherí con firme y libre convicción a la filosofía de la vida simple, popular, profundamente humanista y cristiana que nos legó el general Perón y en mi militancia en el peronismo una de las misiones que asumí fue intentar desarrollar una crítica ecuánime, fundada y veraz de los efectos deletéreos impuestos a la Argentina y a los argentinos por la estrategia establecida por la nomenklatura soviética para sus relaciones con nuestro país.

Me consta que esa estrategia fue aplicada aquí por civiles y militares, empresarios y obreros, profesionales y artistas, los cuales obraron a sabiendas -  lo hicieran de forma directa o a través de la intermediación de la Cuba castrista – y con obstinado rigor.

Pero también me consta que hubo muchos compatriotas que, obrando a la manera de aquel personaje de Moliere que “escribía en prosa sin saberlo”, fueron seguidores inconcientes de los intereses de la URSS en la Argentina y que ellos fueron, en gran medida, las víctimas que los argentinos tuvimos en aquellos años de plomo.

Incluso, entre los motivos que me llevaron a oponerme desde un inicio a los gobiernos de los Kirchner, estuvo el hecho que en ellos se entronizó como política de Estado una versión cargada de rencor de aquella “leyenda negra” de matriz soviética que oscurece nuestro complejo pasado reciente, acentúa las divisiones y agrava los enfrentamientos entre los argentinos.

Puede que esa postura me diferencie de los esfuerzos tardíos de Leuco por tomar distancia de los Kirchner, en un esbozo de ruptura que tal vez no termina de concretarse por que sigue unido a la pareja gobernante por ese “cordón umbilical" que llevó a que Cristina de Kirchner, en su reciente visita a Moscú, aludiera a “ nuestra madre Rusia”, una expresión a la que solía apelar Stalin en los años de la resistencia a la Alemania nazi, después que Hitler incumpliera el pacto Molotov – von Ribentrop.

De paso sea dicho, si en la versión néstoriana  del discurso oficial kirchnerista, la señora Hebe de Bonafini sustituyó a la Virgen de Luján como madre de los argentinos (lo que no pareció haber desagradado a Leuco); en la versión cristinista del mismo discurso, Rusia parece haber reemplazado a España como madre patria (sospecho que eso, en alguna medida, a Leuco ha de haberlo complacido).  

Es también llamativo que en la columna política aquí comentada, la única referencia de su autor a la solicitada que firmamos Duhalde, Barrionuevo, Aráoz y yo entre otras decenas de compañeras y compañeros y que se publicó esta semana, haya sido el comentario aquí mencionado. No parece congeniar con el rigor informativo el hecho que, en su extenso artículo, Leuco no haya hecho ninguna mención al contenido de esa solicitada que, con el título de "La Única Verdad es la Realidad ", quiso expresar la opinión de parte de los peronistas leales a los principios y las ideas de Perón acerca del presente y del futuro argentino y que tampoco aludiera a las circunstancias de su elaboración y difusión.

Como fuere, admito que yo no soy quien para decirle a Leuco que y como debe escribir su columna política y reconozco que él y todos los periodistas tienen el más completo derecho a criticarme a mí y a quien se les antoje, en los términos que consideren más apropiados.

Con estas líneas sólo pretendo ejercer el derecho a réplica que, según entiendo, conduce a que en los medios de información se practique un juego limpio, entre cuyas prácticas debería estar la admisión de que como las dan, las tomen.

Víctor Eduardo Lapegna – DNI 6.078..087


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