Tengo 63 años. Lo declaro para que el lector tenga una referencia generacional.
Nunca presencié un quilombo como el actual, salvo la pequeña guerra civil desatada por el ERP y los Montoneros, episodio menor en la historia nacional.
Argentina es un país presidencialista. Rivadavia, Rosas, Roca, Yrigoyen, Justo, Perón, Frondizi, Onganía, Perón de nuevo, Videla, Alfonsín, Menem y Kirchner, ejercieron la presidencia de la Nación, con un legislativo alcahuete o sin él.
Jamás el poder judicial tuvo nada de supremo, ni lo tendrá.
Juan Bautista Alberdi, nuestro pensador político fundamental, el que escribió las bases del país, así lo aconsejó y con éxito.
Por la presidencia pasa todo, entonces.
Por su eminencia, es lugar de gloria y derrota, en ese orden.
Néstor Kirchner gozó la gloria y sufre ahora la derrota.
No criticaremos el nepotismo, porque Roca lo puso a Juárez Celman y Perón a Isabel Martínez Cartas y a José López Rega. No es malo ni bueno, en si mismo, que Néstor haya puesto a Cristina.
El peso de este quilombo fenomenal cae sobre la pareja presidencial por igual.
Es tarde para operaciones mediáticas de distinción.
Esto comenzó por una resolución impositiva sobre granos exportables.
Se rebelaron primero los productores, que vendrían a ser la pequeña burguesía agrícola, gentes que viven de lo que cosechan.
Que entidades como la Sociedad Rural los hayan acompañado indica solo la transformación verdaderamente revolucionaria producida por el campo argentino en estos veinte años. Para el campo la crisis del modelo cavallista- menemista-delarruinista-cavallista-Consenso de Washintong, los favoreció. Un dólar= tres pesos.
Desde 2001 salvaron el país, plantaron soja donde pudieron. Y la exportaron.
La presidencia dijo que era una conspiración de la oligarquía ganadera.
La burguesía urbana de las ciudades de la bien llamada Pampa Húmeda se sumaron a la protesta espontáneamente y desde el inicio. Son cincuenta ciudades mediano-grandes, no es de despreciar.
Visto el enfrentamiento, los intendentes y gobernadores se pusieron a pensar qué hacer.
Nadie vio la potencia histórica, revolucionaria, que sustentaba la rebelión de los pobres del campo, devenidos clase media en esta década.
Cuando el gobierno se dio cuenta, definió un nuevo enemigo: el pool sojero. Es un progreso: luchamos contra un monstruo hipermoderno, mezcla de capital especulativo mundial e interno, que gana 30% anual.
Nuestra presidenta dijo que la avaricia, pecado bíblico, les ocupaba el corazón.
Al capitalista no le hablen de misericordia. Es dinero es avaricioso y cobarde, quiere ganar el 30% o el 100%. Ni a la madre respeta el dinero, es cosa antigua bien sabida.
Pero acaba de ocurrir algo terrible, un acontecimiento de envergadura histórica. La misma presidenta que acusa de avarientos a los chacareros, entre gritos y lágrimas, salió de compras por Roma. Vea el lector La Nación de hoy.
Los gastos personales de Cristina Fernández en Roma son propios de una estanciera oligárquica de la época de Alvear.
Es simplemente estúpido pensar que nadie habría de enterarse.
Se supo.
Agarrate Cristina, que te toca galopar.
Distinto fue la ostentación de Evita de riqueza alvearista.
El Pueblo lo vio bien porque ella y Perón gobernaban en su favor.
Pero no es el caso de esta pareja, ni el país es el de entonces.
A Eva la poseyó una pasión política.
Esta señora gusta las joyas de Bulgari y relojes de oro.
No se pierdan la nota de La Nación.
Nada hay que criticar a una señora rica que guste del lujo.
Pero si debe tener coherencia: no puede recriminar avaricia a nadie, porque su fortuna se mantuvo por haberla cuidado y guardado.
No señales la paja en el ojo del pobre chacarero, cuando te atraviesa el párpado la viga de tu riqueza, Cristina.
Se metieron los camioneros en el quilombo. Estos no son oligarcas ganaderos a la antigua, aunque junten su puchero del pool sojero. Viven de su camión, así de sencillo.
Pero, atención: se metió Jorge Bergoglio en el quilombo.
Nuestro cardenal primado es digno de admiración por su sencillez, porque fue el segundo más votado en la última fumata de los papas, porque le falta un pulmón, porque atiende a todo el mundo casi milagrosamente, porque redactó un débil documento en Aparecida, porque visita la villa 21 viajando en el colectivo 70 y por muchas otras cosas.
El documento religioso tendrá el impacto de las joyas de Bulgari.
La sabiduría de él, la del Vaticano o la providencial lo hicieron pronunciarse en el momento exacto.
Alfonsín, el padre de esta niña democrática que nos salió puta arrastrada, dijo lo suyo.
Roberto Lavagna nunca supo bien que ser, que hacer, que decir.
Felipe Solá, señorito oligárquico que sabe de las cosas del campo está calladito, esperando que Kirchner lo llame.
Abel Posse –otro señorito, aunque mas leído que Solá- escribe acerca de Borges y Kafka, como si el país no estuviera en llamas.
Las bolsas cerealeras se dignaron pronunciarse finalmente, con un documento técnico digno de consideración.
Hermes –nombre esotérico supremo, el de Trimegisto- Binner, supo ponerse al frente de la causa campesina y federal. Cristina lo atenderá. Está bien.
La corte presidencial se permite unas formas, tiempos y mensajes propios de los reyes, digamos, franceses.
Quizá piensen que, como a Carlos Menem, el país le permitirá gozar de su enorme fortuna entre Santa Cruz y el mundo.
Pero sería buena precaución que consideraran que dos autocracias sean demasiado para este pueblo “pancista” pero levantisco.
Si optaran por el exilio exterior, asumirá la presidencia el estadista Julio Cobos, que con sabia mano completará el mandato de Cristina Fernández.
No le envidio esa presidencia, naturalmente.
Acá acaba Acab, por hoy.