Un fantasma recorre la Argentina, el Fantasma de Duhalde.
Ese petizo cabezón de Lomas de Zamora, nuestra ciudad conurbana, dirigente gremial municipal en su inicio político, intendente por casualidad, que vivió los ’70 en el modo que nuestra ciudad lo vivió (soy lomense), que subió la escalera política de La Provincia escalón por escalón, llegando a ser vicepresidente de Menem en 1989, que pecó gravemente de favorecer a los amigos más allá de lo debido, que mantuvo su matrimonio con Hilda González hasta hoy, que debió soportar la derrota frente a un hombre tonto como Fernando de la Rúa por obra maléfica de Carlos Menem, que luego presidió la Nación incendiada, que optó por elegir a Néstor Kirchner cuando Adolfo Rodríguez Saá entro en delirio y De la Sota y Reuteman rehusaron la presidencia, el que dijo que los políticos eran una mierda, es hoy como una fantasma que recorre los pasillo imaginarios del poder.
Es que el peronismo no puede existir sin un líder.
Kirchner lo declaró maldito, cometiendo parricidio. Y Duhalde entró en las tinieblas de los fantasmas. Pero habla, como el padre de Hamlet.
Pero estos días Ignacio Da Silva lo recibió en el Planalto, acompañado del titular de Ytamarati y de Celso Amorim. Ese país imperial no hace jugadas por chiste.
Están marcando la cancha.
Duhalde es un político paciente.
Mantuvo intacto su prestigio.
De Ángeli lo destaca en el reportaje de hoy en Perfil.
Lord Macbeth y su tremenda esposa asesinaron al rey una noche.
Pero interpretaron mal unas profecías y la brutal usurpación terminó en tragedia sangrienta, como era habitual en el teatro inglés de esa época, que era moralista.
Al menos en el tema del poder político.