PEQUEÑA GUERRA CIVIL ARGENTINA

 

Por Acab

 

El amigo Acab nos  envía algunas reflexiones sobre la micro guerra civil que vivimos los argentinos entre 1968 y 1980 aproximadamente.El momento es bueno porque  el gobierno  pretende escamotear la crisis económica y social con apelaciones mitológicas a los Derechos Humanos y cerrar filas contra tanques y paracaidistas inexistentes.También porque la Argentina ha  festejado el monumento al Che Guevara,un gesto stalinista fuera de época como si el Che representase algo mas que un marketing tan revolucionario como una camiseta de la Coca Cola.O el rostro de ese sucesor de Anthony Queen que es Benicio del Toro.


El Che ha quedado en esencia como un referente del viagra revolucionario de una gerontocracia perdidosa en su  versión mas blanda.O como un genuino jefe  de la derecha ilustrada en su versión fusiladora.
El Che es un héroe de la derecha morenista  y a la vez el héroe de las jóvenes que llevaban  prolijamente sus libritos de Marcuse junto  al precavido  diafragma en sus  zamarras setentistas.
Y esa pálida revolución guevarista solo aumento ligeramente la tasa de natalidad argentina en aquellos tiempos.
Veamos lo que nos dice Acab.

 
Varias personas se indignaron o asombraron por esa expresión que dije al pasar sobre el conflicto armado que hubo entre el país y las guerrillas en la década del ’70.
Entre ellos dos amigos que quiero y respeto.
 
Me siento obligado a aclarar mi pensamiento sobre el tema.
 
Gracias a Perón o a Dios, fue una guerra civil pequeña.
Porque pintaba para grande. 30.000 muertos son un regalo comparados con 500.000, pongo por caso.

Pero Perón los condenó en 1973. Y, muerto él, Isabel Martínez Cartas dio orden de “aniquilación”.

 

Es conveniente recordar que el General puso de hombre de confianza, tanto en Madrid como en Buenos Aires, a José López Rega, porque no quiso involucrar a las Fuerzas Armadas en la represión. Le oí decir que la guerrilla era un problema “policial”.

Pero el 24 de marzo de 1976, las FFAA derrocan a Isabel y asumen como tales, en forma directa, el combate a las guerrillas, que eran dos: los Montoneros y el ERP.

 

Es necesario recordar a las generaciones posteriores a la mía que ambas guerrillas continuaron el combate contra el gobierno militar durante varios años. El ERP hasta la muerte de Santucho. Y los Montoneros hasta el fracaso de su última contraofensiva.

 

No se sabe con certeza cuanta gente mataron los militares.
Sí piso y techo puesto de ambos lados: 10.000 y 30.000.
Un muerto es un muerto. 20.000 son muchísimos. Pero España arrebató la vida a más de un millón. Ni hablar de la guerra civil entre Mao y Chang Kai Sek.

Pero las guerrillas también mataron mucha gente. Tampoco se sabe bien.

 

Perdieron la guerra. La historia humana entera enseña que no hay piedad para los derrotados. La matanza militar se detiene cuando hay certidumbre de la derrota del enemigo. Franco, Mao y Pinochet procedieron de modo similar.
En las guerras no hay buenos ni malos: solo enemigos.

Incluso el tratamiento de las tropas derrotadas ha sido tema clásico del Derecho Internacional Público, pero aplicable a la guerra entre naciones.

 

En las guerras civiles cada país dicta, desde su propia cultura y experiencia, las reglas de tratamiento al derrotado. Argentina fue, en general, cruel.
Los militares argentinos procedieron como lo hicieron.
Que Dios los juzgue.
Yo no puedo dictar sentencias.

Si señalar los hechos.

 

Las guerrillas mataron a empresarios, sindicalistas, militares, gerentes de personal, agentes de policía, jefes de la Policía , intelectuales.
También secuestraron personas y cobraron rescate.
Es propio de la guerra desatada matar y morir.

No son demonios: son seres humanos poseedores del poder de matar.

 

Por todo lo dicho, los dirigentes de ambos bandos son responsables de sus crímenes.

Ahora bien. España, Chile y China decidieron, como Pueblo, cerrar las cuentas de los muertos. Lo que no implica olvidar, ciertamente. El Valle de los Caídos recuerda a los muertos de Franco.

 

Pero no me parece bueno para la sociedad argentina este culto de los asesinos que impulsa el gobierno y los jueces que comparten su posición.
En la guerra ser bueno es perder.

Ernesto Guevara señaló horrorizado que la guerrilla angolesa comía el corazón del enemigo muerto. Dijo eso porque era hombre inculto. Es tradición universal comer parte del cuerpo del enemigo, es honrarlo, es querer apropiarse de su fuerza.

 

Cuando Tomás de Aquino murió, sus cofrades cocinaron su cuerpo y –sospecho- se lo comieron. Y brutos no eran, justamente, sino la gente más ilustrada de Europa.
Comed y bebed de este mi cuerpo, dijo Cristo. Y estaré entre ustedes cada vez que lo hagáis.

Los padres franciscanos despedían al cofrade con una cena de cuerpo presente.

 

Nietzche dijo: “Si matas a tu enemigo, lo incorporarás para siempre en tu corazón”.
Pedro Eugenio Aramburu está en el corazón de Mario Firmenich. El lo mató.
Dejemos que los muertos se entierren entre si.
Nada sacaremos de la venganza contra ancianos que ya ni recuerdan lo que hicieron.
En definitiva, afirmo, mirando la historia nacional, que esa guerra civil fue pequeña porque hubo gravísimo peligro de haber sido cien veces más grande.
Y eso lo debemos a Juan Domingo Perón.
 
Naturalmente, puede responderse que la réplica militar debió ser más humana, mas piadosa. Pero reitero un dato esencial, que se suele pasar por alto: las guerrillas continuaron la lucha después del 24 de marzo de 1976.
 
Y la juventud de las víctimas no es argumento militar.
Son la carne del cañón en las guerras.
 
Y la pureza idealista juvenil es responsabilidad de quienes los condujeron.
Fue pequeña, pero fue guerra.

 



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