EL CONGRESO BAILA

 

Por Gerardo José González

 

Pasar el cuestionado tema de las retenciones granarias al Congreso tuvo un efecto fenomenal. El gobierno mostró que no solo sabe empecinarse.

 

La imprescindible fumigación de Luis D´Elía de las cámaras y micrófonos, fue otra definición importante, y sacarlo a Duhalde de la cabeza de lista de los conjurados, el tercero. Por fin don Néstor usó la musculatura del medio cuerpo, llamada “cintura política”.

Y la cosa no terminó allí: Cristina invitó al Cuarteto Todoterreno a tomar unos  amargos en la Casa Rosada.

 

El conflicto se arregla, de eso no cabe dudar.
Dado que hacer las cosas mal o bien llevan casi el mismo esfuerzo, llegada la ocasión, el político debe tratar de hacerlas lo mejor posible.

La historia parlamentaria de la actual etapa democrática más que dar certidumbre, suscita muchas sospechas. Tantos sobres han guardado las damas en sus carteras y los caballeros en sus bolsillos o portafolios, que la sombra de la coima está presente.

 

Tanto representante se borocoteó, que la gente desconfía.

Pero esos fueron siempre casos donde el negocio no estaba a la luz pública. Ahora nuestro parlamento tendrá más iluminación que el Monumental en un gran recital.

 

La oportunidad de hacer una gran ley esta en sus manos. Y son muchos políticos, algunos, hombres y mujeres realmente relevantes.
Lo esencial de la ley es que debe trazar un horizonte para los próximos diez años.
Semejante crisis obliga a soslayar el parche, la improvisación coyunturalista habitual, que es mal nacional y, de una buena vez, planificar por ley. Debe salir una ley-marco.
Si, por ejemplo, se le diera suficiente aire a Felipe Solá, hombre expertísimo en la temática y respetado por la gente del campo, que supo acompañar desde la Secretaria de Agricultura de Cavallo primero, y la gobernación de La Provincia luego, la Revolución Verde nacional, podría obtener una ley de puntaje ocho sobre diez.
 
Las medidas a tomar son unas pocas, pero esenciales:
 
1. Dado que las retenciones se implantaron solo por la facilidad de su recaudación, debe establecerse un gradual reemplazo de ellas por un aumento equivalente del Impuesto a las Ganancias. Parece difícil, porque el gobierno debería coparticipar ese plus recaudatorio, pero bien podría graduarse un nuevo reparto, que conforme el reclamo federal de equidad en el reparto de los recursos fiscales y las necesidades de la Nación..
Y si las retenciones quedaran, es obvio que debe trazarse una línea entre los pymes y los productores medianos y grandes, aplicando alícuotas diferentes. Pero aquí es inevitable subir la superficie y el máximo de producción de los pequeños, distinguiendo a su vez por zonas. Esto parece complejo, pero no lo es. Los técnicos conocen muy bien los márgenes de renta de cada zona y su tamaño. El error del gobierno que originó la Rebelión de La Pampa Húmeda, cometido por inercia, consistió en no advertir que las nuevas alícuotas excedieron el límite de lo tolerable.
 
2. Diferenciar entre oleaginosas (soja y girasol) y trigo y maíz. Aunque el biodísel irá convirtiendo al maíz en el tercer grano aceitero, no ocurre lo mismo con el trigo.
Las medidas de estímulo a la producción triguera son archiconocidas y no las mencionaremos. Basta seguir los ejemplos de dos potencias granarias como EEUU y Francia, para equilibrar la satisfacción del consumo interno y el excedente exportable.
 
3. Estimular la producción cárnica bovina, ovina, equina, porcina y avícola, desgravando drásticamente la actividad, con el objetivo de duplicar en pocos años el stock.
 
4. Asegurar a los tamberos un precio de venta rentable, ajustable por algún índice confiable.
 
Con estas simples medidas, renacería la confianza en el futuro, porque los productores primarios tendrían un horizonte de diez años asegurado en lo fiscal.
 
Esta modesta propuesta tiene la gran ventaja política donde todos ganan. El gobierno, que mantendrá su caja. Los productores, porque recobrarán rentabilidad pero fundamentalmente certidumbre del futuro, el pueblo todo porque se asegurará la provisión de harinas, carnes y lácteos a precios muy por debajo de los internacionales, aunque algunos aumentos resulten necesarios. Los gobernadores e intendentes, porque aumentarán sus cajas en proporción a la producción.
 
La rebelión del campo dejó en evidencia la inequidad y hasta a la anarquía del sistema tributario nacional, tema que nadie discute.
El principio de igualdad lleva a gravar con similares alícuotas a toda superganancia.

En nuestro país los ricos siempre pagaron impuestos bajos.

 

Respecto de la renta debe tenerse muy en cuenta también un elemento novedoso de índole global: se cortó -y por mucho tiempo- la Inversión Extranjera Directa. Tendremos que arreglarnos con lo nuestro, por usar un dicho de don Aldo Ferrer. Los dispuestos a reinvertir sus ganancias aquí son los argentinos, así que cuidado con espantarlos, porque nos quedaríamos sin capital.

 

En definitiva, esta crisis no es estructural, sino una fuerte puja por la apropiación de la riqueza, fenómeno circunstancial.

La solución es sencillísima: hay que excitar las potencias productivas nacionales.

 

Si el Congreso coloca como objetivo decenal alcanzar las 150 millones de toneladas granarias, todo se acomodará solo. Porque si de algo podemos estar seguros es que la demanda mundial seguirá firme muchos años.

 



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