Es curioso que hasta hoy ningún periodista o “analista político” haya exhumado a Ezequiel Martínez Estrada, Lisandro de la Torre o Arturo Jauretche sobre el conflicto Town and Country nacional. Estos hombres trataron hace poco el tema profundamente, a lo largo de sus vidas.
Da la impresión que la cultura nacional fuera posterior a 1976, que lo anterior estuviera tan muerto como los faraones egipcios. Yo, que creo en la historia viva y muerta, recomiendo la urgente relectura del Goliat de Martínez Estrada, que, casualmente, fue acusado de “chacarero” por Jauretche, que se sentía superior por autoadjudicarse condición citadina.
Este introito memorioso tiene mucho que ver con la bienvenida y bienaventurada recordación del pasado argentino que están haciendo los oponentes en esta disputa.
Gracias, porque lo hacen sin saber en lo que se meten.
Gracias a Néstor Kirchner y su esposa por abrir las tumbas olvidadas de nuestra Historia.
La gente del campo festejó la fiesta patria en El Rosario, la polis cerealera del país. Tenemos varias polis. Pero ese puerto gringo y fluvial, que en su día asemejó a la San Francisco del oeste norteamericano, es producto de la economía clásica inglesa, no de la política criolla, como La Plata. Si la Argentina de Avellaneda es un ejemplo de manual de Economía Política ricardiana, El Rosario debió ser su capital lógica.
Es una coincidencia significativa que Julio Roca se haya retirado a ella en los prolegómenos de la guerra civil del 80, cuando Avellaneda mudó el gobierno nacional al pueblo de Belgrano, para que los porteños no lo mataran.
El Canal Rural transmitió el acto completo, pero sufrió una intromisión curiosísima, donde el gobierno intercaló treinta segundos del besamanos a Cristina en el atrio de la catedral, insertando un isotipo que decía Canal Rural, pero era burdamente falso.
En una contribución a la claridad de la opinión pública, debemos agradecer al gobierno y a las entidades rurales, que nos hayan permitido verlos y oidos a ambos, para comparar.
No es frecuente presenciar actos tan diferentes un mismo dia.
El oficial aburrido, repetido, con la vieja retórica política provincial del gobernador Urtubey, subrayada por su juventud. La presidenta, también reiterativa, con esas menciones que gusta de los hombres de mayo.
En la misa oficial, cuando el arzobispo leyó las palabras de Cristo, terminó la cita diciendo: “Es palabra de Dios”. La feligresía debe responder “Gloria a Ti, señor Jesús”.
Pero la Tele mostró los labios cerrados de la presidenta y demás funcionarios.
Ellos, en tanto ciudadanos, tienen pleno derecho a ignorar las fórmulas elementales de la liturgia católica, pero como supuestos católicos no pueden. Es como entrar a una mezquita con zapatos.
La gente del campo también hizo subir un sacerdote al palco.
La Iglesia estuvo presente en los dos actos, como acostumbra.
El acto rural fue la primera asamblea nacional de la Patria Chacarera, la nueva fuerza política nacional. La esencia de lo nuevo es saberse tal, pero no tener las palabras, la filosofía adecuadas para expresarlo.
La Patria Chacarera nace quitándose restos placentarios y probando sentidos y musculatura como un potrillo recién nacido.
Como señaló genialmente Carlos Marx, lo nuevo cubre su desnudez con ropajes ajenos.
Los cinco oradores se permitieron los caprichos del recién nacido.
Sus figuras y sus discursos están vírgenes de los controles mediáticamente establecidos.
Miguens lee y se traba. Comparten como jóvenes una botellita de agua para aclarar el garguero. Son figuras burguesas puras, incontaminadas de toda imitación. Medio panzones, medio viejorros, vueltos camaradas por la lucha común contra un principado soberbio. Dos compartieron un bocadillo porque tenían hambre.
Dijeron muchas cosas importantes, pero una se destaca:
“Nos dicen que somos la Unión Democrática. De ninguna manera somos eso, pero cuidado: estos no son Perón y Evita”Cristina, en tanto, apareció con las vestiduras de la peor Evita, la que imitaba a las damas de la oligarquía.
Los líderes del campo son burgueses simples, duros.
Lo revolucionario se expresa en la constante referencia al pasado y al futuro. La gente de campo es fiel a sus abuelos y quiere serlo a sus nietos. Y plantean políticas nacionales, superando muchísimo lo sectorial.
En semejante emersión, aparece, un tema sumamente importante.
“Somos los gringos”. Mucho cuidado con esta definición, porque tiene cien años de bronca.
Opuesto a “esos que los llevan a los actos pagos”.
Por primera vez aparece un conflicto escondido durante cincuenta años.
Los chacareros gringos diferenciados de los “cabecita negra”.
Y lo digo jubiloso, no como los intelectuales a sueldo misérrimo de facultad.
Perón dignificó al obrero industrial y al trabajador rural.
Pero se mandó la hiper retención agraria con el IAPI.
Claro que no había soja y el trigo no valía nada.
Pero desde el 2001 este pobrerío agrario gozó la riqueza que sus bisabuelos vinieron a buscar a América.
Son poderosos porque son ricos.
Mejor dicho, porque pueden privarse de su riqueza reciente, de ser necesario.
Como los colonos norteamericanos o los burgueses franceses de 1780.
D’Elía, en tanto, es un político lumpen completamente simbólico y parasitario del poder establecido. Es una antigualla que nada aporta al PBI.
El gobierno está acostumbrado a lidiar con los poderes establecidos, no con un nuevo poder.
Si alguno leyera la historia, sabría que lo que jamás puede pedirle el Príncipe a un poder nuevo es que se arrodille. Eso suele terminar con su cabeza en la canasta del verdugo que baja la hoja de la guillotina. Y con la de su Señora también, como le pasó al décimo sexto Luis de Francia.