Por Edgardo Arrivillaga.

La aparición del capitán Guillermo Tarapow en política es una noticia que pone a prueba la vocación antisistema de los votantes.
No interesa demasiado si la Izquierdona Cristina gana o no las elecciones compradas como sostiene Vicente Massot en su frió análisis en el cual diseca con justicia a la oposición autodestructiva.
La Izquierdona Cristina no es exactamente izquierdista sino simplemente Izquierdona, pero no hay en esta verborragica pituitaria femenina ninguna vocación para el heroísmo, lo nuevo y por momentos, se sospecha, escuetamente, lo legal.
Ante la escasez de figuras-el sainete radical de López Murphy y la Carrio muestra a las claras que la infección ucerreista es lo peor que le ha ocurrido al país desde la defección de Amadeo Sabatini en 1945 -la aparición de este homérico apellido ruso en la campaña electoral argentina es refrescante.
Que lo haga dentro de uno de los gajos del peronismo que se enfrenta a la Izquierdona es atrayente.
Y viendo la cosa con cierto recul es el gobierno el que no ha podido generar ni un Blumberg ni un Turapow ni un solo arquetipo en toda su gestión de gobierno.
Solo las fantasías de los viejos montos que cultivan el gusto fierrero por la sangre coagulada retrospectiva cuando ya están todos excedidos en peso y en años y, como contrapeso de tanta mística falsificada, un puñado de polifuncionarios procesados.
Magro balance para una gestión con estremecedor superávit.
Si, Tarapow será el principal candidato a diputado nacional por la Capital Federal en la lista del Frente Partido Justicialista, rama disidente del peronismo hiperfragmentado.
Los rechazos siempre provienen de esos infecundos ritualistas que provienen de los mandos altos y están cerca del poder succionador y succionante de las alfombras rojas.
Godos de Godoy.
